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Alfredo Calleja-Antonio de la Serna 1987-88 (Senior 25 años).

Con Toñín al frente volvimos a segunda división y el Olímpico se fusionó, transfirió, cedió, o lo que sea, los derechos de la categoría al Atlético de Madrid, en su intento por subir a Primera B desde abajo.

Del Olímpico 64 solamente quedamos tres: Vicente Zaragoza, Carlos Montero y yo. El resto, oriundos venidos de diferentes equipos: Héctor Perotas, que había jugado en el Estudiantes, y Agustín venían del Bancobao, Carlos Blitz, junior del Madrid, del Estudio, José del Caja de Álava, Guillermo del Kónica Las Rozas y Miguel, no se de dónde.

Nos dirigía Calleja quién, al parecer, había sido entrenador del junior del Madrid. Un hombre chiquito y escurrido que fumaba tanto o más que Toñin. Algo más macarrilla y menos gracioso.

Atlético de Madrid de baloncesto

Durante los primeros meses se barruntaba que harían un contrato. A mi me daba igual porque lo que me interesaba era jugar. A quién no le dio lo mismo fue a Juan María Prada, ex del Madrid, con el que Gil y Gil flirteaba para que jugase con nosotros. Todos los viernes acudía a la cancha de los Sagrados Corazones, donde entrenábamos cuatro días a la semana. Preguntaba a Alfredo Calleja si habían llevado su contrato. Este le decía que no, y aquel se largaba por donde había venido, con esa parsimonia que caracteriza a los longilíneos.

Revista Basket Madrid. Octubre. 1987. Clasificación Interautonómica. Temporada 1987-1988.
Clasificación 1ª Interautonómica 1987-1988

A Héctor Perotas también le afectó lo de no hacer contrato, pero como le gustaba jugar, decidió que sólo iría los viernes a moverse un poquito, para coger el partido del domingo con algo de motivación.

Atlético de Madrid de baloncesto. Temporada 1987-88. Foto realizada por Javier Orellana Avilés en el colegio SEK (Madrid).
Atlético de Madrid de baloncesto. Temporada 1987-88. Foto realizada por Javier Orellana Avilés en el colegio SEK (Madrid).

A los demás nos engatusaron con el chandal Puma del Atleti, una camiseta franjirroja, un pantalón azul , un par de medias rojas con tres bandas blancas y un abono para ir a ver al equipo de fútbol los domingos que jugaban en casa y nosotros no jugábamos fuera, es decir, casi nunca.

Cartel del partido C.B. Torrejón contra el Olímpico 64 celebrado el 20 de marzo de 1988 en Torrejón de Ardoz.
Cartel del partido C.B. Torrejón contra el Olímpico 64 celebrado el 20 de marzo de 1988 en Torrejón de Ardoz.

Nos llevaron un par de veces al Calderón para conocer a Gil y Gil pero como perdimos los cinco o seis primeros partidos pasó de nosotros “olímpicamente”. En una de esas ocasiones recibimos el aplauso del público tras advertirse por los altavoces de nuestra presencia.

La temporada pasó sin pena ni gloria. No sé cómo quedamos, supongo que de pena. A nuestros partidos en casa no venía nadie, sin embargo cuando viajábamos a provincias era espectacular.

Los futboleros atléticos de las ciudades dónde jugábamos llenaban los pabellones, hasta el punto de que teníamos más afición que el equipo del lugar. En alguna ocasión, incluso nos vimos firmando autógrafos a los chavales que se acercaban al autobús. Ni aún así levantamos cabeza.

La desilusión de muchos jugadores, los empecinamientos de Alfredo Calleja y la actitud general no contribuía a crear un buen ambiente. Lo cierto es que a mitad de temporada el equipo quedó en manos de Toñín y mejoramos considerablemente, salvando la categoría.

Celebración fin del campus de baloncesto celebrado en Astillero (Cantabria) en 1988.
Celebración fin del campus de baloncesto celebrado en Astillero (Cantabria) en 1988.

Al finalizar la temporada se nos ofreció participar como entrenadores en un campus de baloncesto en Astilleros en Cantabria. Los capos del campus eran Harold y Buddy. Dos típicos gringos de mejillas sonrosadas.

 

Con Buddy, entrenador general campus de baloncesto celebrado en Astillero (Cantabria) en 1988.
Con Buddy, entrenador general campus de baloncesto celebrado en Astillero (Cantabria) en 1988.

El primer día del campus ,Buddy, el principal, una vez que la chiquillería estaba colocada y los entrenadores frente a ellos, se gira a Harold y le dice algo, concretamente ¿Dónde está el médico?. Este va a los organizadores y le responden que en su consulta que si se le necesita que le llaman, a lo que Buddy responde que hasta que no esté el médico no se empieza. Tuvieron que ir a por el y no empezamos hasta que apareció.

El afroamericano del campus se llamaba Gerald. Se comía los platos de judías con los dedos (Probablemente Dulsé y Diego se acuerden de ello). Jugaba en la liga universitaria. Me enseño varios ejercicios de dominio de balón y esa finta que intento emular de vez en cuando (con poco éxito por cierto) cuando botando con la derecha, haces que irás para la izquierda pero avanzas la pierna derecha, pasas el balón por debajo de ella y vuelves a votarla con la derecha a la vez que cambias de dirección y rítmo. Un lio. Prefiero el directo.

Grupo de entrenadores del campus de baloncesto celebrado en Astillero (Cantabria) en 1988.
Campus de baloncesto. Astillero (Cantabria) 1988.

También había una marrón, (así les llama mi hijo), Linette, que compró un disco de Bob Marley que finalmente me quedé. Tiraba y jugaba muy bien. Nunca la encontraremos en los powerpoint de Alberto. El resto todos conocidos de la temporada, Guillermo, Agustín, Miguel, Gorka, Toñín y el gran Pepe “Moura”.

Con Bobby Louis en Madrid, al regresar del Campus de Astilleros (Cantabria) en 1988.
Con Bobby Louis en Madrid, al regresar del Campus de Astilleros (Cantabria) en 1988.

El tercero de los marrones creo que se llamaba Boby Lewis, no es un juego de palabras con nuestro auténtico “codos de aguja”. Creo que había jugado en la NBA. El pavo hacía un show de técnica individual y una de sus especialidades era lanzar el balón desde el campo contrario, muy bombeado,de tal forma que botase entorno al tiro libre y volviese a subir para encestar. Tenía mejores porcentajes que muchos triplistas de la ACB.

Jugones del campus de baloncesto celebrado en Astillero (Cantabria) en 1988.
Jugones. Campus de baloncesto. Astillero (Cantabria) 1988.

Lo mejor de Astilleros fueron los chicos, el embrión del equipo cadete que empecé a dirigir a la vuelta del verano. Dulsé, Íñigo, Juanjo… Unas máquinas en potencia, cada uno en su estilo. Particularmente, Íñigo era mi debilidad, un “minimagic” que improvisaba genialidad.

Publicado en Soy Olímpico

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