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Antonio de la Serna. 1983-1987 (21-24 años)

Tras la experiencia de Sunday volvió a liderarnos Toñin. Esta vez durante cuatro temporadas en Tercera división. La base del equipo siempre la misma. Carlos y Pedro, Bubi, Alfredo, Alberto, Javier Amo, Vicente, Paco.

Fueron años buenos que sirvieron para forjar la amistad que hoy mantenemos. Nuestro nivel de baloncesto, aunque no tan sólido como durante la época de “el rubio” se mantuvo bastante bien. No subíamos pero tampoco descendíamos. Y sobre todo nos lo pasábamos de lujo.

Para eso Toñin era el anfitrión perfecto y, a su nivel, Alberto Blanco. Entre los dos eran capaces de sostener una velada contando chistes y anécdotas de todo tipo. Especialmente me atraían las batallitas universitarias de Toñin en la época de los grises. También estilábamos jugar a la pocha.

A nivel personal estas temporadas fueron muy intensas. Jugaba a casi todo. Al baloncesto con el Olímpico, y con el equipo de “mataos” de mi facultad. Al fútbol sala con el Bodegas Gimeno y con un equipo de la facultad de Derecho.

Cartel del partido C:P. Ambroz contra el Olímpico 64, celebrado el 11 de marzo de 1984 en Plasencia.
Cartel del partido C:P. Ambroz contra el Olímpico 64, celebrado el 11 de marzo de 1984 en Plasencia.

Los fines de semana comencé a arbitrar partidos de baloncesto con mis amigos de siempre. Era la época de Tierno. Las Juntas de Distrito comenzaron a promover numerosas actividades. Un tal Benjamín, a quién conocí en la parro, andaba buscando quién arbitrase la liga municipal de Baloncesto y dio con nosotros. Por su parte, Toñin también me ofreció arbitrar en la liga de Alcobendas, donde él trabajaba.

Los fines de semana eran tremendos. El viernes, después de entrenar, salia con los amigos por las noches. A la mañana siguiente José Manuel, Alfonso, Dorín y yo arbitrábamos en la Dehesa de a Villa, por la tarde partido de fútbol sala. La noche del sábado de juerga y el domingo por la mañana partido con el Olímpico. En numerosas ocasiones, empalmaba la noche con el partido del día siguiente. Pasaba por casa, cogía la bolsa, me tomaba un café y me iba directamente al CM donde mis amigos, detrás de sus gafas de sol, contemplaban las palizas que me pegaba, campo arriba, campo abajo.

Equipo Senior del Olímpico 64. Arriba: Vicente, ¿?, Nicolás, Pedro, Carlos y Toñin. Abajo: Javier Amo, Eduardo, Luis, Humanes y Paco de la Torre.
Equipo Senior del Olímpico 64. Arriba: Vicente, ¿?, Nicolás, Pedro, Carlos y Toñin. Abajo: Javier Amo, Eduardo, Luis, Humanes y Paco de la Torre.

Durante esas temporadas llebaba el pelo largo. Ya había adquirido carácter y no me dejaba achantar ante los veteranos de los equipos contrarios. Casualmente en más de un campo me apodaron la “bruja” (Villanueva de la Serena, Cuenca). Me encantaban y me estimulaban los gritos que lanzaba el público desde la grada cada vez que me envalentonaba ante las pequeñas triquiñuelas que intentaban los veteranillos que no podían conmigo. Si uno me agarraba la camiseta, yo le esperaba a la siguiente con mis brazos en alto para impactarlos contra sus muñecas en un golpe difícilmente visible por los colegiados. Adquirí gran habilidad usando mis codos para evitar los agarrones y empujones a los que pretendían someterme. Recursos que sólo utilizaba ante aquellos que intentaban sacar ventaja con métodos sucios. Por eso Alex, me rebelo en las pachangas de los martes, cuando alguien recurre a ellos. Siempre admiré a los que me vencían limpiamente y nunca perdoné a los que no admitían que les venciera.

Cartel del partido San Lorenzo contra el Olímpico 64 celebrado el 13 de octubre de 1985 en San Lorenzo de El Escorial.
Cartel del partido San Lorenzo contra el Olímpico 64 celebrado el 13 de octubre de 1985 en San Lorenzo de El Escorial.

En una de esas temporadas cambió el baloncesto con la introducción de la línea de tres puntos. Como nunca destaque por ser un gran tirador, poco pude aprovecharla. Destacaba defendiendo, robando balones, sacando el contrataque y lanzando tiros libres.

Me encantaba salir rápido con la bola. No tenía la habilidad de Paco, aunque, de vez en cuando, me salía su típico reverso, tras tentar al defensor, dejando alejarse medidamente la pelota, para que cuando intentara robarla yendo hacia adelante, dar un bote rápido hacia atrás entre las piernas y otro sucesivo haciendo un reverso sobre el pivote, para dejar a sus espaldas al defensor mientras encaraba la canasta.

Lo que a mi mas me gustaba era desbordar en plena carrera. Pasar el balón por detrás del cuerpo o por debajo de la pierna a la vez que cambiaba sutilmente de dirección. De atrás a adelante, de izquierda a derecha, de derecha a izquierda. También pasar el balón de derecha a izquierda superando al defensor, para después de un bote y dando pasos de derecha encarar la canasta dejando una bandeja con un leve giro de muñeca tirando hacia atrás. Muy dificil de prever y muy dificil de parar. Tenía muchas variantes dependiendo de la situación del defensor. En algunas ocasiones con tiro pretendido, en otras como simple forma de llevarte a un pivot para que algún compañero cogiera fácilmente el balón, una vez tocado el tablero. Llegó a ser tan característica que los Olímpicos mas cercanos la conocen como la Nico’s one.

Durante un encuentro contra el Arquitectura de Eduardo Ayuso en Vallehermoso utilicé por primera vez en un encuentro otras dos jugadas que me caracterizaron. En su equipo Pili y Mili, de los que tengo la sensación que siempre nos miraban por encima del hombro. El partido muy igualado. Dos arriba, tres abajo. En la segunda parte volvía a salir a la cancha cuando quedaban apenas cinco minutos.

La primera en los morros de Pili y Mili. Salía botando al contrataque y tras pasar el centro del campo intentaron cerrarme el paso creando una barrera con sus piernas, a lo que respondí saltando entre ambos, a la vez que pasaba el balón por debajo de las mias encogidas. Nuevo bote, pase a Vicente y canasta. Ayuso miraba incrédulo la situación descargando su ira contra sus jugadores.

La segunda a falta de quince o veinte segundos. Presión en todo el campo. Recibo el balón en la parte derecha de la zona a un metro de la línea de fondo de nuestro campo. No tengo dónde pasar y siento el aliento del contrario en mi cogote. Me paro un segundo y paso rápidamente el balón por el lado derecho de mi defensor, mientras giro mi cuerpo por su lado izquierdo, reencontrándome con el balón justo a su espalda. Dos botes pase largo, asistencia y canasta. Recuerdo el careto de Eduardo Ayuso tirándose de los pelos. No se lo podía creer. Ni creo que nadie de los que estaban en el pabellón.

Cualquiera diría que fue casualidad, pero no era así. Esos recursos, como la Nico’s one, me eran muy familiares. No tanto por practicarlas en los entrenamientos sino por repetirlas una y otra vez en momentos solitarios ante una canasta, en las pachangas de la parro y en los partidos de la facultad.

Al finalizar la temporada del año 86, coincidiendo con el último examen de mi carrera, mi padre se quedó hemiplégico y el baloncesto se convirtió en el refugio en el que me cobijaba. Tuve que dedicar mucho tiempo a mi familia, lo que supuso dejar algunas de mis dedicaciones y, posiblemente, que mi carácter cambiara. En estos momentos el baloncesto significó mucho para mi, aunque mi sufrimiento interno no trascendiera a los demás.

 

Publicado en Soy Olímpico

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