Saltar al contenido →

Dinópolis (Teruel)

Basta un pequeño comentario para que “el pequeño Nicolás” arda en deseos. Dinopoliiisssss!!!

No somos amigos de los parques temáticos.Nunca hemos ido a un parque temático. La sola idea de lo visto en la caja tonta me hace temblar. Dado que es en Teruel, la visita una especie de ayuda al desarrollo. De otra forma el precio de las entradas, la imposibilidad de hacer fotos y la prohibición de introducir alimentos y bebidas al recinto me hubiera hecho desistir. En fin todo sea por las criaturillas.

Diez de la mañana. Al llegar al recinto la primera en la frente. Para visitantes futuros: hay que sacar las entradas por internet. Evitaréis el madrugón o una cola en torno a los treinta minutos.Menos mal que la imaginación vino a socorrernos. Beltrisaurio, Niki Rex, Mamaciraptor y Papatauro esperaban ansiosos ver a sus antepasados. Casi cien euros del ala por dos personas adultas y dos niños nos evidencian que Teruel existe.

En la antesala se respira el ambiente. ¿Cual es el Dino con la cola más larga? Dinópolis. Entramos a las 11:20 y no paramos de hacer colas hasta las 19:00 cuando entramos en el último espectáculo. De aproximadamente media hora en cada estación y con intentos recurrentes en algunas de ellas. No obstante todo ello la visita está francamente bien. Muy original en cuanto a la concepción del parque. Diverso en cuanto al tratamiento de las edades e intereses. Escaso en cuanto a estrategias para optimizar la visita.

Iniciamos la visita en la cola más corta. El Cine 3 D, una sesión sobre un bebé de T-Rex albino que es adpotado por Dinos herbivoros. Si habéis visto la saga “En busca del valle encantado…” (la de piecitos y compañía) y algo de 3D la peli no os aportará nada nuevo. A Nicolás le ha encantado. Es su primer tropiezo con esa tecnología y le ha impactado. El sourround y los afilados dientes de los dinosaurios que amenazaban con devorarle le hacían estremecer. No podía creer lo que veía. En ocasiones se quitaba las gafas para comprobar lo borroso que se veía la pantalla plana a la que está acostumbrado. En otras lanzaba la mano intentando tocar flores e insectos que parecían a su alcance. Otras se acurrucaba intentando evitar la proximidad de los dinosaurios.

A la salida del 3D otra cola (no insisto más a cola por sala). Tras la espera te adentran en una sala en la que te muestran una presentación del “Territorio Dinópolis”. Puro marketing comercial en el que te informan de la ubicación y características de las siete sedes dispersas por la provincia de Teruel,y de algunos aspectos relacionados con la infraestructura. Particularmente creo que es una pérdida de tiempo, aburre hasta a las mascotas y es incómoda ya que se visualiza de pié.

A continuación el ansiado “Tunel del tiempo”. A pesar de que bromeábamos con Nik recordando la experiencia de los túneles de la ruta verde del verano de 2012, este no estaba muy convencido de su entrada en el recinto (traumatizado por el cine 3D). Tras algunos pucheros, después de levantarle el ánimo y gracias al apoyo de la persona que daba entrada a las vagonetas entramos en un vagón sobre railes que en zig zag se iba desplazando en el tiempo desde el big bag hasta la desaparición de los dinosaurios. La secuencia está bien desarrollada aunque tarde en afinar mi oido para escuchar la locución. La atracción es mejorable, sobre todo cuando has visto lo demás. Nik iba con la cara tapada, aunque su curiosidad le hacía ir entreabriendo los deditos para maravillarse de las figuras animadas que iban apareciendo.

El recorrido finaliza en una sala diversa en la que se entremezclan juegos de ordenador, un mostador para pintar tu dinosaurio preferido, unos monitores que pintan la cara a la chiquillería más atrevida, un panel de los que sacas la cara por un agujero para que te hagn la foto de recuerdo y un espléndido croma por el que pagas para hacerte una fotografía a punto de ser devorado por un dinosaurio descomunal. Me encanta ver las poses y caras de la gente intentando expresar su sorpresa ante un potencial glotón de proporciones desmesuradas.

Después de unos minutos de espera visitamos el Museo Paleontológico. Una maravilla. La visita se hace entre originales y reproducciones. Personalmente me hizo reflexionar sobre el dilema museográfico en un mundo tecnológico. ¿Es necesario el original? ¿vale con la copia? Lo cierto es que la visita permite apreciar la magnitud de los ejemplares, sus características morfológicas, etc.

Aprovechamos para salir al aire libre para disfrutar de la Paleosenda, un complejo lúdico para mayores de 9 años (pura teoría) en el que un laberinto parcialmente cubierto y con forma de amonites (lo que me costó descubrirlo) da acceso a una estructura de madera con cuerdas que les permite enfentarse a los retos que proporciona. También cuenta con una zona de excavación en el que se puede contribuir a desenterrar los huesos de un dinosaurio semienterrado, unos huevos de dinosaurio en los que hicimos las correspondientes fotos y una zona de lavado de materiales eque inexplicablemente atraía al público infantil ya fuera por el cubo con el que cogían agua para ser vertida para recorrer un pequeño itinerario con trampillas y tapones, ya por una zona de espejos en el que las personas más presumidos eran remojadas por quienes accionando un botón acababan mofandose de su demostrada vanidad.  En un peqeño chiringuito comimos un esquisito bocata de jamón de Teruel que nos dió fuerzas para continuar.

La aventura del 4D es muy original y está muy conseguida. Nos gustó mucho porque te hace vivir la película que estás viendo. Realmente es una nueva dimensión.

El último minuto

Obra de teatro.

Tiranosaurio Rex.

Publicado en Estuve allí

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Redimensionar imagen