El parque pequeño

En el parque pequeño jugaba con Pepe Bonacasa, los hermanos Villapalos, Chiqui, Carlos Fuentes y sus hermanas Carmen y Gloria, Caballero, Nonín y los hermanos Calvo (Julio César y xxx), José el Gordo organizaba los toures de chapas más maravillosos que hayan podido existir, junto a Pedro, Eugenio, Pablete, Ontiveros y los hermanos Casado. Me impactaba la cicatriz que tenía que se hundía entre sus carnes del vientre y que él mostraba con orgullo cuando nos quitábamos las camisetas al principio del verano. En época de la gran carrera todos los que participábamos bajábamos al parque y con nuestras manos extendidas íbamos surcando en la arena el itinerario de la carrera. A Pedro Morollón le encantaba hacer largas rectas porque tenía gran control y potencia para desplazar sus chapas y ganar ventaja sobre los demás. Concluido el recorrido elegíamos los lugares dónde ubicábamos las metas volantes y las montañas de tercera, segunda y primera categoría. Con diversos métodos elegíamos el orden de salida de nuestros. El Bic de Ocaña, el de Eddy Mercks, etc. Yo solía elegir el Kas porque entre sus corredores estaba Nemesio Jiménez un primo mío que era profesional en aquellos momentos, hecho de lo que me enorgullecía y de lo que me permitía presumir. No todo el mundo tenía un pariente ciclista. Ya organizados sacábamos las chapas de los bolsillos. Generalmente de pequeño tamaño para que no pesaran tanto, lijadas en los pavimentos de los portales para mejorar su aerodinámica, perfectamente rotuladas con el símbolo del equipo y con el nombre del ciclista al que representaban colocados en un pequeño cartoncito que introducíamos en el interior de la chapa. Nos íbamos copiando las novedades. A ese simple cartoncillo le poníamos colores, luego le colocábamos encima un pequeño papel del mismo tamaño que hacía las veces de chandal que quitábamos antes de tirar y volvíamos a colocar una vez que paraba su tras el disparo para que el polvo no estropeara el diseño del maillot que tanto nos había costado realizar, Acabamos poníéndo un plástico duro transparente que podía ser limpiado con facilidad al final de la jornada con lo que el chandal únicamente se quitaba al principio del juego y se volvía a poner al final. . y las disponíamos en la meta para salir. Acabada esta parafernalia en la que ocupábamos cerca de una hora, estábamos listos para comenzar la carrera. Pastor con quién me pasé muchas horas jugando al fútbol de chapas y compitiendo por Carlota. Finalmente los diseños incluyeron las caras de los corredores y las denominaciones que cortábamos de los cromos y pegábamos en las «camisetas» de nuestros jugadores con gran habilidad. También de la «parro» y de la «Keli Campo» y en tercer nivel del entierro de la sardina, de las fiestas de San Antonio, del Cuartel de la Montaña y de la Estación del Norte.

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