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El regreso

Desde hace más de 15 años sostengo que mi gran crisis existencial no han sido los 50, ni los 40, sino los 30. A mi regreso de Córdoba, en 1993, intenté volver a jugar en el senior del Olímpico que seguía dirigiendo el sempiterno Toñin. Supongo que por cariño me admitió en la pretemporada.

Mis 95 kilos ponían en evidencia una lentitud que no era capaz de compensar con experiencia (No, no nos equivoquemos, hay un punto en el, por desgracia, no son compensables). El sobrepeso se hacía sentir como dolorosas tendinitis en unas rodillas a las que intentaba engañar confiando en que el ejercicio físico me pondría en forma. (No no nos engañemos, la clave está en reducir la ingesta de calorías). El despeque de otros chavales jóvenes, con gran desparpajo y habilidad, que eran mucho mejores que yo, entre ellos Dani-Danilovich, me ponían en evidencia.

El equipo Old Star, de azul. Arriba: Toñin, ¿?, ¿?, Luis, Jorge, Nacho, Pedro, Nacho, Dani, Diego, Juan, Nicolás, ¿?, Carlos y Dani. Abajo: Paco que se cree más jóven.
El equipo Old Star, de azul. Arriba: Toñin, ¿?, ¿?, Luis, Jorge, Nacho, Pedro, Nacho, Dani, Diego, Juan, Nicolás, ¿?, Carlos y Dani. Abajo: Paco que se cree más jóven.

Toñin no tuvo ni que decírmelo. Al cuarto o quinto entrenamiento ya no podía más y abandoné. Quedé relegado al cementerio de los elefantes, jugando en la Dehesa de la Villa y en el Triángulo de Oro, con quienes compartí equipo en otros tiempos Alberto Blanco, Javier Amo, Paco de la Torre. Incluso jugábamos en la líga municipal que arbitré tiempo atrás. Tenía tanto peso, mi cuerpo estaba tan orondo y éramos tan bajitos que jugaba de pivot.

Pasó mucho tiempo. Tardé diez años en quitarme el sobrepeso. Me quedé en 72 kilos y recuperé parte de mi forma física. Me reencontré con el baloncesto en una liga de las Rozas. Coincidiendo con el 40 aniversario volví a contactar con los Olímpicos.

Aunque nunca volvió a ser lo que fue, me sentí mejor de lo que era.

Desde entonces con algún altibajo, sigo participando del rito que supone enfundarme una camiseta todas las semanas. Cada martes me descuelgo del mundo paralelo en el que me ha tocado vivir para saltar a la cancha.

Algo deteriorados por el tiempo, cada cual mantiene sus peculiaridades y su estilo.

Arriba: Carlos, Dani, Pachi, Pedro, Dani, Joseli, Nicolás, Luis y Francis. Abajo: Paco, Rafa, Ángel, Alejandro y ¿?
Arriba: Carlos, Dani, Pachi, Pedro, Dani, Joseli, Nicolás, Luis y Francis. Abajo: Paco, Rafa, Ángel, Alejandro y ¿?

Pedro, tan largo como siempre, sigue subiendo al tiro libre para postear, recibir y tirar a canasta. Continua girando su cuerpo alternativamente cuando coge un rebote en defensa para que no se lo quiten. Bubi, el que juega a eterno despistado, sigue colocando sus codos de manera perfecta para proteger el balón mientras pivota o entra a canasta, y lanza sus tiritos a media distancia que si, finalmente, entran. Javier Amo, renqueante en lo defensivo y certero en el lanzamiento desde larga distancia. Le llegó tarde el 6,25. Paco de la Torre, driblador donde los haya, puro ímpetu al encarar la canasta, aprovecha sus oportunidades para chufar en las proximidades de la zona. Alberto Blanco, el cerebro, el gran pasador y descubridor de espacios vacíos, aquel al que todo defensor ha de mirar a los ojos para no llegar tarde o sufrir una puerta atrás. Te echo de menos “monstruo”.

Carlos Montero, el pequeño de los mayores y el mayor de los pequeños. Ser intergeneracional. Pivot moderno. Botador, buen tirador y hábil en la colocación. Poco fajador.

Torneo de San Antonio. Nicolás, Pedro, Ángel, Luis, Jorge, Jaime, Rafa, Paco de la Torre, Alejandro, Dani, Carlos y Joseli.
Torneo de San Antonio.
Nicolás, Pedro, Ángel, Luis, Jorge, Jaime, Rafa, Paco de la Torre, Alejandro, Dani, Carlos y Joseli.

Dani, la elegancia del baloncesto, inteligente. Armonía y estilo, nacido para tri-tri-tri-triplear. Ángel, correcaminos de gran zancada, entrada desgarbada y gran eficacia. Juan, hoy ausente, asesino en el tiro e incordio defensivo. José, dubitativo en sus entradas y renqueante en su defensa, tira sus triples con el descaro del que no teme fallar. Moises algo blandón pero con buena intención. Ahora desaparecido. Rafa, mi primer entrenador, duro como el granito, peleón donde los haya, se permite lanzar algún tiro de vez en cuando para intimidar al rival. Nacho “Manolo”, grande como el solo, siempre presto a meter un triple de más de 6,25 y a entrar en la zona lanzando la bola al tablero con efecto con la certeza de que sabrá llegar a su destino. Dulsé, el tanque de la cancha, aparentemente lento pero con una gran habilidad para salir en contrataque y encarar la canasta, buen lanzador. Diego, polivalencia en la cancha. Le falta el “pantumeque” para ser como Mingus, aunque con su estilo peculiar. Fajador, y corredor, puro terreno urbano como su coche. Alex, raza, fuerza y competitividad. Habilidoso en el rebote, estilo peculiar en el triple pero efectivo. Chema, disciplinado, hábil de movimientos y buen tirador. Joseli, la sincronía. Colocación, oportunidad y técnica para jugar en la pintura. Jorge y Jaime. Torres no gemelas. Cada uno en su estilo. Grácil y cuadriculado el primero, más atrevido el segundo. Salva, el trotamundos. Empecinado, fuerte y vigoroso. Charli, tosco, fuerte, valiente y osado como para pelearse con todos. Francis, hoy lesionado, llegó tarde al baloncesto pero con ganas y constancia. Chelu y Esropa, fuertes y empecinados los dos. Seguro que faltan muchos, algunos porque se fueron.

Mis amigos del Basket.

Olímpico 64 – Old star. Blancos o negros. Ganamos seguro.

Publicado en Soy Olímpico

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