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Londres 2013

Por fin. Muchos años deseándolo. Ya se hizo realidad. Hemos estado allí. Desde el avión no hemos podido ver nada. Tampoco en el tren que nos llevó al centro. Niebla y noche temprana se encargaron de decorar mis primeras impresiones. Imágenes de la reina decorando los pasillos del aeropuerto de Gatwick. Aromas de sociodiversidad: blancos, negros, marrones, británicos, hindúes, japoneses. En el Metro, periódico gratuito del “tube” una noticia que lo ilustra. La mayoría de la población de Londres no es británica. Se siente.

Nos alojamos en el Hostel 639, en Kensal Green. al noroeste de la ciudad. Muy barato, limpio y con acceso a cocina. Un poco caótico cubrió nuestro objetivo.

Tres días muy intensos que Belén había estudiado minuciosamente. Muchas cosas y poco tiempo. La próxima nos detendremos en cosas específicas. De momento grandes impactos.

El primer día lo iniciamos en el Palacio de Westminster, Patrimonio Mundial. Me gusta el edificio, su reflejo en el río, la torre que alberga el Big Ben, la idea de que el edificio no sea religioso ni de la reina. Me disgusta compartirlo con tanta gente a la vez. Me sorprende que el puente resista tanto peso y que finalmente tomemos alguna fotografía decente.

Allí tomamos un ferry para navegar por el magnífico Támesis que nos permitió un recorrido rápido por la ciudad, nos facilitó unos bonitos paisajes londinenses (el puente de Londres, la City, etc.) y nos llevó a uno de los sitios que como geógrafo estaba obligado a visitar: Maritime Greenwich. Siete libras por la visita del Real Observatorio dónde hacerte una foto en la linea que marca el meridiano. Doce por el Cutty Sark, no, no te lo bebes, lo visitas por dentro (la entrada mixta te ahorra dos libras), las visitas del Museo Marítimo Nacional y de la Casa de la Reina son gratuitas. También el reposo en el magnífico Greenwich Park, las estupendas vistas desde el Observatorio y la foto en la prolongación del meridiano. Recomendable el Greenwich Market. Coqueto. Antigüedades, segunda mano, artesanía, comida rápida. Me sorprendió ver a un nota en bicicleta con una camiseta del Kas, equipo ciclista en el que corrió mi primo Nemesio (junto a Perurena, Fuentes, López Carril, Lasa, Aja, Galdos, etc.) en los años 70.

El regreso lo hicimos en la primera fila de la planta superior del típico bus, curioso. Nos sorprende una fotografía inmensa del F.C. Barcelona anunciando Qatar Foundation. Nos bajamos en el puente de Waterloo, paseamos hasta Trafalgar Square. Tomamos the Mall y disfrutamos de una pequeña siesta al sol en los bancos de St. James’s Park, envidiados por una pareja de españolitas que susurraron “Me gustaría hacer lo que están haciendo estos dos”. Cisnes, patos, pelícanos y otras aves hacían las delicias de cuantos los admirábamos. Llegamos al final del parque, pasamos bajo el Arco de la Victoria, saludamos a los guardias del Buckinham Palace y nos adentramos por Green Park hasta llegar a la entrada de Hyde Park. Grandes parques planos con árboles inmensos. Mucha gente paseando a pie o en bicicleta. Allí cogimos otro bus hasta Picadilly Circus. Vimos la plaza y caminamos hasta Soho square. Desde allí alcanzamos Oxford street (Zara) que recorrimos de este a oeste en el visor de otro autobús rojo. Compramos en una tienda árabe en Edward Road y regresamos al hostel.

Al día siguiente Camden Town. Magnífico. Miles de tiendas y puestos. Toda la comida fast food del mundo en apenas un palmo. Paella y pulpo gallego. Nos gustaron Camden market, Camden Lock Village, Stables market (gracias por sus baños gratuitos). Compramos unas gafas de sol y vimos algunas tiendas bastante originales. Un tipo que te enseñaba a ser DJ por 15 libras/hora, otro que vendía camisetas que se iluminaban al ritmo de la música, una tienda de ropa psicodélica (naranjas, verdes y azules fosforitos con aires venusianos), varias tiendas vintage (segunda mano en 3D, etc.). Nos decidimos por comida hindú. Tras un merecido descanso tomamos el camino que corre paralelo a Regent’s Canal, por el que transitan los waterbus que desplazan a los turistas por el agua y las casas flotantes acicaladas por propietarios que aprovechaban los rayos solares del veranillo del membrillo. Pasamos el Zoo y nos adentramos en Regent’s Park dónde tomamos el sol sin camiseta y disfrutamos del arrullo de una pequeña cascada. Tras el descanso paseamos por Queen Mary`s Garden (la rosaleda londinense). A la salida visitamos el Museo de Sherlock Holmes. Desde allí tomamos el metro en Baker Street. Nos dirigimos a Victoria Station, un poco desmejorada por las obras de una nueva estación autobuses que parece que respetarán al Victoria Palace Theatre, para, desde allí, acercarnos, a Hyde Park. El solecito se ocultó tras las nubes y el paseo fue menos lustroso que lo que esperábamos. A pesar de que algunos edificios estropean con su altura la visión desde su interior el parque es espectacular. Espléndidas explanadas verdes, árboles espectaculares, buena distribución de los espacios para peatones y ciclistas. Bellas láminas de agua, anecdótico el Memorial Fountain Princess Diana y discreto Kensigton Palace. El cansancio hacía mella y retornamos.

El último día, sábado, quisimos visitar el mítico Covent Garden. Llegamos a Oxford Circus para bajar a Picadilly por una Regent Street invadida por los peatones gracias al despliegue publicitario protagonizado por la NFL (liga de fútbol americano). Miles de personas esperando cola en las diversas atracciones para todos los públicos. Nos cobijamos en Carnaby Street para desde allí llegar a Picadilly Circus, Lencester square y desde allí a nuestro destino. Poco a poco íbamos sintiendo sentimos lo grande que es la ciudad. Creo que esa mañana se concentraron allí los ocho millones de londinenses. Un gran centro comercial con numerosas actuaciones callejeras rodeado de pequeños mercaditos (Ancient market). Mucha, mucha gente. Imposible disfrutarlo. Decidimos salir de allí y volver a Covent garden. Tomamos un lunch, compramos algunos recuerdos para la familia y decidimos volver al hostel para echarnos la siesta. Al caer la noche (seis y media de la tarde) bajamos nuevamente al Parlamento para disfrutar de las vistas nocturnas del Palacio de Westminster, la Abadía, el Big Ben y los iluminados London eye y el County Hall. De regreso no pudimos evitar un fish and chips y una pinta en el The Mason Arms donde un puñado de británicos disfrutaban de la victoria del Atlético de Madrid frente al Real Madrid.

De madrugada cogimos un bus que nos llevó a otro que finalmente nos condujo al aeropuerto de Luton desde dónde regresamos a Madrid.

Publicado en Estuve allí

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