Puente de los franceses. 1946. Manuel Urech.

Publicada por El País.

Bañistas en el río Manzanares. Preside la escena el puente de los Franceses, utilizado para el paso del ferrocarril, y detrás se aprecia el puente de Castilla, destinado al tráfico rodado. Año 1946.

Publicada por Victor Manuel Fernandez Martin en ‎Yo crecí en La Colonia del Manzanares (El Gran Barrio). Facebook.

Victor Manuel Fernandez Martin 15 de noviembre a las 16:52

Una anécdota cortita sobre un escenario en el que se habrán dado un chapuzón casi todos los habitantes de la Colonia del Manzanares en la época…..Nací a orillas del Manzanares y en ese escenario de la fotografía que acompaña mi reflexión es donde me dí los primeros chapuzones adolescentes antes de la inauguración del Parque Sindical Puerta de Hierro, aquella “Charca el obrero” tan querida como criticada después. 
Pero hoy rememoro para Yo crecí en La Colonia del Manzanares una imagen que ha vuelto a mí casi siempre que le he puesto cangrejos a la paella.
Mi imaginación vuela a una mañana calurosa de algún 18 o 25 de Julio de los primeros años 50. Estaba paseando por la margen derecha del rio, mirando curioso toda aquella multitud esparcida por las dos orillas , que buscaban un espacio para remojarse por un cauce traicionero, lleno de piedras en unas zonas y en otras agujeros cenagosos.
Aquellas fechas eran casi las únicas en que el Régimen permitía bañarse en sus aguas sin perseguir a los bañistas, que en cualquier otra ocasión podían sentir en sus espaldas los vergajazos de los “grises” montados a caballo y guardianes de la salud pública tanto moral, como en prevención del tifus, que aún se daba en la época.
Era aquella una mañana alegre y bulliciosa, excepto para el medio kilo de cangrejos que una mujer morena, enlutada y bella en sus probables “cuarenta”, acababa de echar sobre una sartén en la que preparaba su paella.
Los pobres cangrejos intentaban salirse huyendo de la quema y alguno que lo lograba regresaba al infierno de las manos de aquella mujer hasta que todos fueron enrojeciendo para convertirse en sabor de aquel arroz que , con toda seguridad les “sabría a gloria” a esas gentes humildes en su día “de gira”, como se decía entonces…

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