Academia Conde. Cordillera 22.

Publicada por  Victor Manuel Fernandez Martin en ‎Yo crecí en La Colonia del Manzanares (El Gran Barrio). Facebook.

Porque yo también crecí en la Colonia del Manzanares…RECORDANDO A D. JOSÉ CONDE Y LA “ACADEMIA CONDE”, MI MAESTRO.
En la calle Cordillera nº 24 de la Colonia del Manzanares estaba situada allá por la década de los 50 la “Academia Conde”, instalada en un chalecito en el que vivía D. José Conde con su esposa, Dª Julia y su hija ¿Julita?.
Recuerdo muy bien aquel pequeño jardín de la entrada y una joven y frondosa higuera dando acceso a la vivienda donde a la izquierda del pequeño hall se encontraba la habitación donde don José impartía sus clases .
De lunes a viernes y en turnos de dos horas, desde las cinco de la tarde hasta bien entrada la noche, aquel hombre nos regalaba su sabiduría , porque 40 o 50 pesetas al mes eran un regalo hasta en los primeros años 50.
Era don José Conde un hombre en la cincuentena que trabajaba en las oficinas de RENFE en la Estación del Norte, serio cuando debía ser serio y sonriente bonachón en un cuerpo grande cuando con suma paciencia te aclaraba alguna duda sobre cualquier materia.
Tenía una mirada noble y a veces una sombra de tristeza que apenas ocultaba el cristal de sus gafas sin montura.
Yo era apenas un niño que se asomaba a la primera adolescencia y escuché alguna vez el posible motivo de aquella tristeza, decía alguno de los alumnos más mayores con los que coincidía que don José había sido un maestro represaliado, apartado de la enseñanza pública tras la guerra civil, nunca llegué a saber que habría de cierto en ello.
Lo único realmente cierto es que don José fue ese mejor maestro que todos hemos tenido en nuestra vida. Aquel que nos marcó para siempre porque a él le debemos casi todo aquello más importante para caminar por la jungla de la vida.
Hube de abandonar sus clases con apenas 14 años pues me llamaban otras necesidades laborales, pero nunca le olvidé y por ello volví 20 años después para enseñarle mi familia y darle un abrazo de agradecimiento.
Lamentablemente, don José ya no estaba, ningún vecino supo decirme nada sobre él y su familia en aquella tarde de domingo, solo pudimos ver que aún crecía la higuera que había motivado el único enfado verdadero de don José cuando descubrió al autor del hurto de unas hermosas brevas, orgullo de los riegos de doña Julia.
Más de sesenta años después, don José Conde está vivo en mi recuerdo y en una cajita niquelada guardo como un tesoro algunas de las notas de evaluación de sus enseñanzas.

 

Jose Losada Gracias, Víctor. Soy el marido de su nieta Mayte. Vivimos en el chalet, pero es el 22 de cordillera. Agradezco tus palabras y cuando quieras pásate por aquí para recordar viejos tiempos

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