Mi amigo Manuel

Bastó una nota en el Face para que el “morsa” nos recibiera con los brazos abiertos en la que adoptó como su ínsula, la del Infierno, la Montaña blanca, Tenerife.

Nos recogió en el aeropuerto, nos llenó de folletos, nos llevó al teleférico del Teide, nos recogió al día siguiente, nos llevó a la playa y de allí a Garachico, a casa de Yobe, que nos alojó en su casa después de casi quince años sin vernos, nos llevó a la playa de la Tejita y nos ayudó a buscar alojamiento en el Médano. Mucho he de rebobinar en el tiempo para recordar una amistad que hiciera algo por el placer de agasajarme. Tanto que no merece la pena ponerme a pensarlo no sea que mi memoria se descomponga.

Sin embargo lo que le ha hecho más grande ha sido el hecho de saber desaparecer. De entender que necesitabamos nuestro momento. De haber seguido ahí, aún a costa de no haber compartido juntos su pasión por los barcos. Lo sentimos mucho Manu. Lo agradecemos mucho. Volveremos para estar contigo. La isla es grande y nuestro cariño también.

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