Navidades años 40

FELIZ NAVIDAD A LOS QUE HABÉIS CRECIDO JUNTO AL RIO MANZANARES

Publicado por Victor Manuel Fernandez Martin en ‎Yo crecí en La Colonia del Manzanares (El Gran Barrio).

Miro el calendario y pasan lentos para nuestro deseo los días que faltan para la llegada de un tiempo de alegrías infantiles, mesas en las que cada familia pone lo mejor de cuanto dispone , abrazos y buenos deseos de futuro para todos, cuñadas y cuñados incluidos.
Mientras llegan, estoy reviviendo el recuerdo de aquellas Navidades de mi infancia en La Bombilla, un barrio que había sido frente de guerra y años después aún enseñaba las huellas de la batalla y marcaba límites en un Madrid que deseaba romperlos, crecer y olvidar tragedias.
Y lo hacía con la música de villancicos que al son de las panderetas, el rascar del vidrio de la botella vacía de “Anís del Mono” y alguna zambomba, se filtraba a través de patios y ventanas, mezclándose los del 23 con los del 25 y estos con los del 27, de aquellas casas de la Carretera del Pardo.
El brasero y la “cocina económica” con las arandelas al rojo calentaban aquellos hogares dejando fuera el frío de la nieve. ¿ Porque nevaba y hacía tanto frío cuando más calor necesitábamos?
Debió ser el invierno del 46/47 cuando cayó por esas fechas una nevada de la que recuerdo como directos beneficiarios a Tomás “el Jata”, tendiendo sus redes a las que se enganchaban sin escapatoria gorriones hambrientos y una pareja de esquiadores con sus tablas y bastones, deslizándose por la nieve que ocultaba los adoquines de la carretera. 
Y sería aquel mismo invierno y si no otros muy parecidos los que en cada Navidad los chicos de mi edad recorríamos puerta por puerta pidiendo el aguinaldo.
No voy a citar nombres, pero había puertas que se abrían con sonrisas acompañando algunas “perras gordas” y dulces almendras blancas, y a ellas les cantábamos “A esta puerta hemos llegado cuatrocientos en cuadrilla…” y otras que se abrían hoscas y furtivas para decir ¡¡niños, fuera de aquí!! … a esas se la jurábamos y pasada la tregua de la Navidad, en que todo el mundo es “güeno”, le caían timbrazos a deshoras y algún pomo atado a la barandilla de enfrente para que se jodieran abriéndolas.
Pasaba la Nochebuena y el día de Navidad siempre había alguna casa de alguno de mis amigos donde se repetían los villancicos, se apuraban los turrones y alguna copita de anís mientras jugábamos al “julepe” o a la lotería, sacando bolas de una bolsa de tela y cantando “los dos patitos” el veintidós, o el quince, “la niña bonita”.
Puedo jurar que aquellas horas fueron de las mejores de mi infancia, pues en mi casa, vivíamos la Navidad con otra felicidad, la de estar juntos mis padres, mi hermana Mari recién nacida y yo, todos alrededor de la abuela María, enjugando en una sonrisa su tristeza por el hijo que se llevó la guerra.
No faltaba en nuestra mesa el pollo que venía del pueblo, llenando de cagadas el suelo del cuarto de aseo, cubierto de papeles de periódico hasta que llegaba su hora, ni otras veces el conejo que meaba el suelo cubierto de serrín del mismo aseo, hasta que un diestro golpe de mi padre tras las orejas lo acercaba a la cazuela y su piel se convertía en zambomba para el año siguiente.
Sin embargo el auténtico sabor a Navidad lo ponían en mi casa las “cabritas de mazapán”, aquellas que olían a gloria mientras te las despachaba Paquita, la de la tienda de Ultramarinos, sacándolas de una caja de madera alargada, metiéndolas en una bolsa de papel de estraza y pesándolas : “Cuarto y mitad, Andrea”.
Aquellas “cabritas” que mi madre colocaba junto al “turrón blando”, el “Pan de Cádiz” y las garrapiñadas, en una pequeña bandeja situada en la parte más alta del vasar, un lugar donde llegaron hasta casi vaciarla unas manos infantiles de un niño que echó alguna de sus primeras mentiras, culpando a la gata de la señora Rosario.
Sin negar la nostalgia que trae la lejanía, os siento cercanos y os deseo a todos que, junto a vuestras familias, disfrutéis llenos de alegría ¡¡FELIZ NAVIDAD, FELIZ AÑO 2019 A LOS QUE HABÉIS NACIDO Y CRECIDO A ORILLAS DEL RIO MANZANARES!!

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Puente de los franceses. 1946. Manuel Urech.

Puente de los franceses. Charca del Obrero.

Publicada por El País.

Bañistas en el río Manzanares. Preside la escena el puente de los Franceses, utilizado para el paso del ferrocarril, y detrás se aprecia el puente de Castilla, destinado al tráfico rodado. Año 1946.

Publicada por Victor Manuel Fernandez Martin en ‎Yo crecí en La Colonia del Manzanares (El Gran Barrio). Facebook.

Victor Manuel Fernandez Martin 15 de noviembre a las 16:52

Una anécdota cortita sobre un escenario en el que se habrán dado un chapuzón casi todos los habitantes de la Colonia del Manzanares en la época…..Nací a orillas del Manzanares y en ese escenario de la fotografía que acompaña mi reflexión es donde me dí los primeros chapuzones adolescentes antes de la inauguración del Parque Sindical Puerta de Hierro, aquella «Charca el obrero» tan querida como criticada después. 
Pero hoy rememoro para Yo crecí en La Colonia del Manzanares una imagen que ha vuelto a mí casi siempre que le he puesto cangrejos a la paella.
Mi imaginación vuela a una mañana calurosa de algún 18 o 25 de Julio de los primeros años 50. Estaba paseando por la margen derecha del rio, mirando curioso toda aquella multitud esparcida por las dos orillas , que buscaban un espacio para remojarse por un cauce traicionero, lleno de piedras en unas zonas y en otras agujeros cenagosos.
Aquellas fechas eran casi las únicas en que el Régimen permitía bañarse en sus aguas sin perseguir a los bañistas, que en cualquier otra ocasión podían sentir en sus espaldas los vergajazos de los «grises» montados a caballo y guardianes de la salud pública tanto moral, como en prevención del tifus, que aún se daba en la época.
Era aquella una mañana alegre y bulliciosa, excepto para el medio kilo de cangrejos que una mujer morena, enlutada y bella en sus probables «cuarenta», acababa de echar sobre una sartén en la que preparaba su paella.
Los pobres cangrejos intentaban salirse huyendo de la quema y alguno que lo lograba regresaba al infierno de las manos de aquella mujer hasta que todos fueron enrojeciendo para convertirse en sabor de aquel arroz que , con toda seguridad les «sabría a gloria» a esas gentes humildes en su día «de gira», como se decía entonces…

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Academia Conde. Cordillera 22.

Academia Conde. Cordillera 22. 2018. Victor Manuel Fernández Martín.

Publicada por  Victor Manuel Fernandez Martin en ‎Yo crecí en La Colonia del Manzanares (El Gran Barrio). Facebook.

Porque yo también crecí en la Colonia del Manzanares…RECORDANDO A D. JOSÉ CONDE Y LA “ACADEMIA CONDE”, MI MAESTRO.
En la calle Cordillera nº 24 de la Colonia del Manzanares estaba situada allá por la década de los 50 la “Academia Conde”, instalada en un chalecito en el que vivía D. José Conde con su esposa, Dª Julia y su hija ¿Julita?.
Recuerdo muy bien aquel pequeño jardín de la entrada y una joven y frondosa higuera dando acceso a la vivienda donde a la izquierda del pequeño hall se encontraba la habitación donde don José impartía sus clases .
De lunes a viernes y en turnos de dos horas, desde las cinco de la tarde hasta bien entrada la noche, aquel hombre nos regalaba su sabiduría , porque 40 o 50 pesetas al mes eran un regalo hasta en los primeros años 50.
Era don José Conde un hombre en la cincuentena que trabajaba en las oficinas de RENFE en la Estación del Norte, serio cuando debía ser serio y sonriente bonachón en un cuerpo grande cuando con suma paciencia te aclaraba alguna duda sobre cualquier materia.
Tenía una mirada noble y a veces una sombra de tristeza que apenas ocultaba el cristal de sus gafas sin montura.
Yo era apenas un niño que se asomaba a la primera adolescencia y escuché alguna vez el posible motivo de aquella tristeza, decía alguno de los alumnos más mayores con los que coincidía que don José había sido un maestro represaliado, apartado de la enseñanza pública tras la guerra civil, nunca llegué a saber que habría de cierto en ello.
Lo único realmente cierto es que don José fue ese mejor maestro que todos hemos tenido en nuestra vida. Aquel que nos marcó para siempre porque a él le debemos casi todo aquello más importante para caminar por la jungla de la vida.
Hube de abandonar sus clases con apenas 14 años pues me llamaban otras necesidades laborales, pero nunca le olvidé y por ello volví 20 años después para enseñarle mi familia y darle un abrazo de agradecimiento.
Lamentablemente, don José ya no estaba, ningún vecino supo decirme nada sobre él y su familia en aquella tarde de domingo, solo pudimos ver que aún crecía la higuera que había motivado el único enfado verdadero de don José cuando descubrió al autor del hurto de unas hermosas brevas, orgullo de los riegos de doña Julia.
Más de sesenta años después, don José Conde está vivo en mi recuerdo y en una cajita niquelada guardo como un tesoro algunas de las notas de evaluación de sus enseñanzas.

 

Jose Losada Gracias, Víctor. Soy el marido de su nieta Mayte. Vivimos en el chalet, pero es el 22 de cordillera. Agradezco tus palabras y cuando quieras pásate por aquí para recordar viejos tiempos

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Un Monasterio del s.XV en San Antonio

Posible Monasterio del S. XV - 2

De Santiago Barco (28/05/2016) en Barrio de San Antonio de la Florida.

La actual Parroquia de San Jerónimo el Real, junto al Museo del Prado, tiene su origen en un Monasterio Jerónimo de nuestro Barrio.

En 1464, el rey Enrique IV de Trastámara autoriza construir a orillas del Manzanares el Monasterio de Santa María del Paso, de la Orden de San Jerónimo. Fue en conmemoración de un paso de armas celebrado en 1459 y de ahí su nombre.


El emplazamiento exacto no lo sabemos, pero todas las las fuentes lo ubican frente a nuestra Parroquia de San Antonio de la Florida, «junto al desaparecido Puente Verde».


Dicen las crónicas que había aquí una ermita bajo la advocación de Nuestra Señora, a la que tenían gran devoción los madrileños y quizás fuese esta el origen del Monasterio.


Poco tiempo después de la fundación, el Monasterio pasó a llamarse «de San Jerónimo», siendo enterrado en el Enrique IV, lo que nos da idea de su importancia.


Al parecer el lugar era inapropiado y por eso se trasladó a su actual emplazamiento. Así lo relata la Cronica de la Orden Jerónima: «El sitio del monasterio salió para los religiosos muy enfermo por estar cerca del río, puesto en lo llano, asiento húmedo donde el sol de la tarde hiere a repecho. Conociese por experiencia (de más de cuarenta años) que no se podía habitar en él sin notable peligro de la salud y de la vida y pérdida de la religión, porque las continuas enfermedades traían a los religiosos descontentos… Mirando las razones tan suficientes pidió la Orden licencia a los Reyes Católicos…»

En 1502 quedó un reducido número de monjes a la espera del traslado al nuevo edificio,

Su vida fue breve, apenas 40 años, pero los monjes mantuvieron los terrenos como de cultivo de cereales, huertas, viñedos y pastos.

Posible Monasterio del S. XV - 1
Posible Monasterio del S. XV – 1
Posible Monasterio del S. XV - 2
Posible Monasterio del S. XV – 2
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