Publicada por Luis Ramón Marín; en http://obesia.com/fotografia/fotografos/1272-luis-ramon-marin

Comparto experiencias
(Foto de Baldomer G. Roig, archivo Museo de Arte Jaime Morera; f.
https://es.wikipedia.org/

El País. 19 de septiembre de 2018
https://elpais.com/ccaa/2018/09/14/madrid/1536928384_530297.html?id_externo_rsoc=FB_CC&fbclid=IwAR3OHrNVafgWvhx-3X0i7d40rALAd43h02fqHO9kG7FYFI9I88CL1kDqGNk
Retazos de la película tomados en la Colonia del Manzanares.
Vídeo de los Ronaldos. Si os vais. Emitido en la Bola de Cristal según comentario de Manu Guinarte en el canal de yautube del que cuelga el vídeo.
Lo descubrí en Facebook por un post de Vicente Jose Baena Valverde. Gracias.
Trasteando con un proyecto personal, he recogido unos retazos de la película Llegar a más (1963), de Jesús Fernández Santos, rodadas en el barrio.
La primera parte en el puente del Manzanares próximo al Instituto (sin Cajigal, con el puente antiguo, sin piscina Lago y sin residencia).
El segundo corte en la actual parada de autobuses.
El tercero, me aventuro a decir que es el Paseo de la Florida, aunque no seguro del todo (se agradecen referencias).
El cuarto es un lujo nocturno. Ya me diréis, Santa Fe, la Torre del insti, la extinta gasolinera de San Antonio, imágen de Revertito (lo conozco por referencias de mis padres), incluso una imagen de San Pío X vista desde la M30.
Espero que os guste.
Nada más que decir a lo que refleja este artículo:
http://historias-matritenses.blogspot.com/2014/06/eres-mas-chulo-que-un-8-el-tranvia-de.html
Cuando era pequeño, el barrio era atravesado por la línea periférica P-21 que unía la Colonia del Manzanares con la Plaza de España. Tras atravesar el Puente de la Reina, el autobús llegaba a la Plaza de San Pol, tomaba la Calle Comandante Fortea, llegaba a «los hotelitos» dando la vuelta en la Plaza de la Meseta y retornaba por el mismo camino. Estos autobuses eran de color verde para diferenciarlos de los autobuses azules de la recien creada Empresa Municipal de Transportes.
«En 1967, el Ayuntamiento de Madrid ordena diferentes concesiones presentando varios concursos para establecer 28 líneas periféricas que iban a ser temporalmente explotadas por privados en una concesión para 12 años».
«En esa época, el servicio de las 23 líneas periféricas, con sus ramales, tenía una dotación total de 282 vehículos con autobuses de modelos y edades muy variados. La EMT calculó que, para poder asumir la prestación de este servicio, sería necesario aumentar la flota de autobuses en 212 vehículos más.
El 8 de enero de 1980, el Ayuntamiento de Madrid aprueba la municipalización de las líneas periféricas. A partir del 1 de abril de 1980, la EMT de Madrid experimenta una gran reestructuración de su red de líneas con la creación de 24 nuevas rutas y la modificación del itinerario de otras seis. Se cumplen en estos días 35 años desde que el Ayuntamiento de Madrid decidiera municipalizar las líneas periféricas suprimiendo las concesiones de 1967.» (en http://blog.emtmadrid.es/2015/04/10/la-absorcion-en-los-80-de-las-perifericas-por-la-emt-de-madrid/)
Por lo que yo recuerdo la subida al autobús se realizaba por la parte de atrás, en dónde el cobrador en su pequeño cubículo te expendía el billete con una máquina que hacía rotar para que saliera el billete. Por su parte el conductor se ocupaba de ir esquivando coches, camionetas y camiones que encontraba a su paso.
Un pequeño alambre que recorría las paredes del autobús servía para avisar al conductor de la intención de bajar en la siguiente parada.
Creo que el agente único (conductor-cobrador) se incorporó más tarde, ya siendo línea 75.
En el año 1971 el billete de ida costaba 2,50 pesetas y la ida y vuelta 3 pesetas y el viaje nocturno otras 3 pesetas, precios más baratos que los autobuses madrileños.
A principios de los 70, las primeras líneas que se transfieren a la EMT se numeran a continuación de las existentes. Una de estas líneas fue la P-21 que se numeró como el 75 que conocemos en la actualidad (como ocurrió con la P-1 y P-2 que se renombraron como 72 y 73 respectivamente) . Más tarde surgió la idea de que las líneas periféricas se renumerasen como 1XX en adelante.
Fantástica experiencia la vivida en este fin de semana. Chema, compañero de los veteranos del Olímpico 64 buscaba, preferiblemente bases, para participar en un torneo de baloncesto para veteranos que se viene celebrando anualmente en Santander. No me lo pensé dos veces. Me encantaba la idea de volver a participar compitiendo en un contexto que me parecía de los más atractivo.

Salimos de Madrid. Dos desconocidos unidos por el baloncesto y por amistades comunes del Olímpico. Dos generaciones diferentes con cuatrocientos kilómetros por delante. No paramos de conversar sobre todo tipo de temas. Este deporte es una garantía de gente.
Llegamos al hotel donde nos esperaban para cenar (a eso de las 7 de la tarde) los hambrientos holandeses. Después de comprar un abono para el bus, nos dirigimos al centro de Santander a comernos unos pinchos en Casa Lita (fantásticos).
De esta forma me integré en el MBCA Amstelveen. A mis 55 tacos compitiendo con un equipo de una ciudad Holandesa. Mis compañeros: Chema, David (otro españolito por el mundo), Michel, Jaris, Eelko, Clyde y Sergio (holandeses de pro, los dos últimos de Suriname, capital Paramaribo). Junto a ellos el más bajito y más viejito del equipo.
La situación antes del torneo no era la más propicia. Jugábamos el primer partido del torneo. ¡A las cuatro de la tarde! Por lo que se refiere al grupo, ni Eelko ni yo no habíamos jugado nunca en el equipo. Chema venía de hacerse el Ironman de Lanzarote (con dos …) y David se reincorporaba después de dos meses de lesión. Para colmo de males a Eelko le dejaron las maletas en Madrid y tuvo que comprarse unas zapatillas del 48, porque no tenían su 50 habitual (jugo con los pies encogidos todo el partido). En lo particular no participaba en un partido serio (es decir compitiendo, con árbitros y crono) desde hace más de 25 años, lo que me provocaba un doble miedo escénico. El acojone de no estar a la altura del equipo y el que volví a sentir en los momentos de la verdad, sobre todo en los primeros partidos.

Empezamos el torneo jugando contra el Sweet Home Barcelona la tarde del viernes . Partido controvertido. Los contrarios protestaban cada decisión del árbitro. No encontraba mi sitio en la cancha y tenía la sensación que jugaba contra dos equipos, ya que los holandeses nunca me veían en ataque. Cuando la cogía me limitaba a pasar correctamente y no perder la pelota. Empecé a defender más o menos bien, lo que me asentaba en el partido. Fuimos todo el partido por debajo pero llegamos a un final trepidante en el que forzamos la prórroga gracias a un triple estratosférico que me jugué en el último segundo. «El triple de mi vida». No recuerdo que haya metido nunca una canasta así. El triple me hizo volar y contribuyó a tener un roll dentro del equipo. A pesar de nuestros esfuerzos al finalizar los 3 minutos fuimos derrotados: 40 – 38.

Por la noche la organización había preparado una fantástica recepción en el Palacio de la Magdalena. Llegamos justo a los canapés y nos perdimos el discurso de la alcaldesa (otra vez será). Momento de distensión a la búsqueda de la cerveza y el canapé. Un tal Charles Smith, al parecer ex NBA, paseaba la radiografía de su esqueleto por los pasillos, varios equipos femeninos se fotografiaban en las escaleras, miradas, risas y recordatorios de que teníamos que ganar al día siguiente. De regreso una cerveza en el BNS (Buenas Noches Santander) con algunos miembros de la organización. Alberto, Pedro y algunos más de lo que inexplicablemente he olvidado sus nombres. Unos tipos fantásticos que me explicaron los orígenes del torneo y diversos aspectos de la organización.

El sábado se prometía largo. Dos partidos 11:30 y 14:30.
El primero contra el Charlatans Napoli. Aunque en un tono menor que el de los Barceloneses no paraban de hacer honor a la inscripción de su nombre en la camiseta. Dos buenos jugadores, Michelle Marino, el base y Paolo Grasitelli, un alero muy movedizo al que secó un Clyde impecable. Sergio marcó la pauta en el ataque. En general mejoramos bastante como equipo y fuimos consolidando la defensa. Estuvimos por encima durante la mayor parte del partido. Aunque se enrareció por dos faltas técnicas que nos pitaron, que supusieron sendos puntitos desde el tiro libre y el correspondiente saque de banda, nos pusimos el mono de trabajo y encauzamos perfectamente el camino después de que al principio del cuarto tiempo se pusieran por primera vez por delante en todo el partido. Ganamos 32-36.

El segundo contra Joseli, esta vez representando a los Fondetestas. Mejoramos bastante la defensa. Gran partido de Chema que se creció en el duelo entre Olimpicos. Joseli tuvo que luchar con la mas fea (nuestras torres eran muy altas y estaban prevenidas de sus reversos) pero aún así mantuvo al equipo durante gran parte del partido. Una pájara nuestra les hizo acercarse a tres puntos y entrar en el partido pero volvimos a reaccionar y acabamos de 11. Ganamos 23-34.
Mientras degustábamos el cocido montañés y el bacalao con garbanzos propuestos por la organización deseábamos que los italianos ganasen a los catalanes por menos de 5 puntos para poder meternos en la final. Sin embargo nuestro deseo no se produjo. Los catalanes arrancaron con buen ritmo pero a mitad del segundo tiempo los napolitanos se pusieron por delante dando alas a nuestras aspiraciones. Nuevo impulso barcelones y respuesta italiana. A falta de un minuto los italianos empatan y tienen la oportunidad de ponerse por delante. Inexplicablemente Paolo, que había metido 21 puntos con cinco triples, falló el triple definitivo que hizo que nos tuvieramos que conformar con la segunda plaza del grupo.

Para relajarnos nos fuimos a la playa a darnos un fresquito baño santanderino, después del cual, nos dirigimos al centro de Santander para que Joris y Eelko conocieran los «pinchos» que ya habíamos experimentado con Sergio, Clyde, Michel y David la noche del jueves cuando llegamos.

Para acabar la jornada una cena benéfica cuyos beneficios se destinan a un comedor social. El lugar sencillamente preparado con unos centros de mesa decorados con globos que reproducían, con gran similitud, a grandes jugadores de la NBA (Larry Bird, Abdull Jabar, etc). El fantástico saxofonista fantástico que nos deleito hasta hacernos ondear las servilletas al ritmo de sus interpretaciones. Los camareros muy bien organizados y distribuyendo la cena a buen ritmo y profesionalidad. La cumpleañera de turno que sopló las velas. Los lesionados del día con sus piernas vendadas. En fin jamón serrano bien aderezado, entrecot entre pecho y espalda y unos pastelitos para endulzar el día. Al finalizar un DJ más del siglo XXI que de finales del XX nos hizo bailar, al menos a mi, hasta las 3 de la madrugada.
No pude dormir en toda la noche. Entre la gente que subía a las habitaciones, los que se duchan de madrugada, la saturación de cansancio, los nervios del partido siguiente no dormí más de cuatro horas. A las 9 de la mañana opté, después de intentar dormirme con la radio y la televisión opté por irme a desayunar. En la cafetería coincidí con Joseli y dos de sus compañeros y estuvimos compartiendo experiencias Olímpicas y del torneo (llevaban 3 derrotas de 3 partidos y tenían que sacarse la espina).

Llegó el momento. 11:30 de la mañana. Nuestro rival un equipo irlandés, el BNAF. Iniciaron con buen ritmo y les replicamos hasta que a partir del final del segundo tiempo el partido ya se había decantado a nuestro favor. En el tercer tiempo nos empataron pero metimos una marcha más, que ellos no tenían, y al final ganamos 37-52. Todos los partidos los jugamos como visitantes.
Con la sensación de haber logrado el objetivo de no lesionarnos, haber disfrutado con este fantástico deporte y haber conocido a unas personas fantásticas, sólo me queda desear poder participar en futuros torneos.
El regreso como el principio. Gracias Chema. He podido conocerte y compartir muchas conversaciones que dejan huella en mi mente. Hasta la próxima!