Tercer puesto en el Santander Master Basket Tournament

Fantástica experiencia la vivida en este fin de semana. Chema, compañero de los veteranos del Olímpico 64 buscaba, preferiblemente bases, para participar en un torneo de baloncesto para veteranos que se viene celebrando anualmente en Santander. No me lo pensé dos veces. Me encantaba la idea de volver a participar compitiendo en un contexto que me parecía de los más atractivo.

MBCA Amstelveen. Clyde, Sergio, David, Chema, Michel y Nicolás. Primeras cervezas y pinchos en Santander
Clyde, Sergio, David, Chema, Michel y Nicolás en la cervezas previas

Salimos de Madrid. Dos desconocidos unidos por el baloncesto y por amistades comunes del Olímpico. Dos generaciones diferentes con cuatrocientos kilómetros por delante. No paramos de conversar sobre todo tipo de temas. Este deporte es una garantía de gente. 

Llegamos al hotel donde nos esperaban para cenar (a eso de las 7 de la tarde) los hambrientos holandeses. Después de comprar un abono para el bus, nos dirigimos al centro de Santander a comernos unos pinchos en Casa Lita (fantásticos).

De esta forma me integré en el MBCA Amstelveen. A mis 55 tacos compitiendo con un equipo de una ciudad Holandesa. Mis compañeros: Chema, David (otro españolito por el mundo), Michel, Jaris, Eelko, Clyde y Sergio (holandeses de pro, los dos últimos de Suriname, capital Paramaribo). Junto a ellos el más bajito y más viejito del equipo.

 

La situación antes del torneo no era la más propicia. Jugábamos el primer partido del torneo. ¡A las cuatro de la tarde! Por lo que se refiere al grupo, ni Eelko ni yo no habíamos jugado nunca en el equipo. Chema venía de hacerse el Ironman de Lanzarote (con dos …) y David se reincorporaba después de dos meses de lesión. Para colmo de males a Eelko le dejaron las maletas en Madrid y tuvo que comprarse unas zapatillas del 48, porque no tenían su 50 habitual (jugo con los pies encogidos todo el partido). En lo particular no participaba en un partido serio (es decir compitiendo, con árbitros y crono) desde hace más de 25 años, lo que me provocaba un doble miedo escénico. El acojone de no estar a la altura del equipo y el que volví a sentir en los momentos de la verdad, sobre todo en los primeros partidos.

Sweet Home Barcelona. III Santander Master Tournament Basketball
Primer partido. Sweet Home Barcelona 40-38

Empezamos el torneo jugando contra el Sweet Home Barcelona la tarde del viernes . Partido controvertido. Los contrarios protestaban cada decisión del árbitro. No encontraba mi sitio en la cancha y tenía la sensación que jugaba contra dos equipos, ya que los holandeses nunca me veían en ataque. Cuando la cogía me limitaba a pasar correctamente y no perder la pelota. Empecé a defender más o menos bien, lo que me asentaba en el partido. Fuimos todo el partido por debajo pero llegamos a un final trepidante en el que forzamos la prórroga gracias a un triple estratosférico que me jugué en el último segundo. «El triple de mi vida». No recuerdo que haya metido nunca una canasta así. El triple me hizo volar y contribuyó a tener un roll dentro del equipo. A pesar de nuestros esfuerzos al finalizar los 3 minutos fuimos derrotados: 40 – 38.

Recepción en el Palacio de la Magdalena. MBCA Amstelveen. III Santander Master Basketball Tournament
Recepción en el Palacio de la Magdalena. MBCA Amstelveen.

 

 

Por la noche la organización había preparado una fantástica recepción en el Palacio de la Magdalena. Llegamos justo a los canapés y nos perdimos el discurso de la alcaldesa (otra vez será). Momento de distensión a la búsqueda de la cerveza y el canapé. Un tal Charles Smith, al parecer ex NBA, paseaba la radiografía de su esqueleto por los pasillos, varios equipos femeninos se fotografiaban en las escaleras, miradas, risas y recordatorios de que teníamos que ganar al día siguiente. De regreso una cerveza en el BNS (Buenas Noches Santander) con algunos miembros de la organización. Alberto, Pedro y algunos más de lo que inexplicablemente he olvidado sus nombres. Unos tipos fantásticos que me explicaron los orígenes del torneo y diversos aspectos de la organización.

Charlatans Napoli. III Santander Master Basketball Tournament
Charlatans Napoli – MBCA Amstelveen (32-36)

El sábado se prometía largo. Dos partidos 11:30 y 14:30.

El primero contra el Charlatans Napoli. Aunque en un tono menor que el de los Barceloneses no paraban de hacer honor a la inscripción de su nombre en la camiseta. Dos buenos jugadores, Michelle Marino, el base y Paolo Grasitelli, un alero muy movedizo al que secó un Clyde impecable. Sergio marcó la pauta en el ataque. En general mejoramos bastante como equipo y fuimos consolidando la defensa. Estuvimos por encima durante la mayor parte del partido. Aunque se enrareció por dos faltas técnicas que nos pitaron, que supusieron sendos puntitos desde el tiro libre y el correspondiente saque de banda, nos pusimos el mono de trabajo y encauzamos perfectamente el camino después de que al principio del cuarto tiempo se pusieran por primera vez por delante en todo el partido. Ganamos 32-36.

Fondetestas. III Santander Master Basketball Tournament
Fondetestas – MBCA Amstelveen (23-34)

El segundo contra Joseli, esta vez representando a los Fondetestas. Mejoramos bastante la defensa. Gran partido de Chema que se creció en el duelo entre Olimpicos. Joseli tuvo que luchar con la mas fea (nuestras torres eran muy altas y estaban prevenidas de sus reversos) pero aún así mantuvo al equipo durante gran parte del partido. Una pájara nuestra les hizo acercarse a tres puntos y entrar en el partido pero volvimos a reaccionar y acabamos de 11. Ganamos 23-34.

Mientras degustábamos el cocido montañés y el bacalao con garbanzos propuestos por la organización deseábamos que los italianos ganasen a los catalanes por menos de 5 puntos para poder meternos en la final. Sin embargo nuestro deseo no se produjo. Los catalanes arrancaron con buen ritmo pero a mitad del segundo tiempo los napolitanos se pusieron por delante dando alas a nuestras aspiraciones. Nuevo impulso barcelones y respuesta italiana. A falta de un minuto los italianos empatan y tienen la oportunidad de ponerse por delante. Inexplicablemente Paolo, que había metido 21 puntos con cinco triples, falló el triple definitivo que hizo que nos tuvieramos que conformar con la segunda plaza del grupo.

Baño en la Playa del Sardinero. MBCA Amstelveen.
Baño en la Playa del Sardinero.

Para relajarnos nos fuimos a la playa a darnos un fresquito baño santanderino, después del cual, nos dirigimos al centro de Santander para que Joris y Eelko conocieran los «pinchos» que ya habíamos experimentado con Sergio, Clyde, Michel y David la noche del jueves cuando llegamos.

Cena de gala. MBCA Amstelveen.
Cena de gala. MBCA Amstelveen. III Santander Master Basketball Tournament

Para acabar la jornada una cena benéfica cuyos beneficios se destinan a un comedor social. El lugar sencillamente preparado con unos centros de mesa decorados con globos que reproducían, con gran similitud, a grandes jugadores de la NBA (Larry Bird, Abdull Jabar, etc). El fantástico saxofonista fantástico que nos deleito hasta hacernos ondear las servilletas al ritmo de sus interpretaciones. Los camareros muy bien organizados y distribuyendo la cena a buen ritmo y profesionalidad. La cumpleañera de turno que sopló las velas. Los lesionados del día con sus piernas vendadas. En fin jamón serrano bien aderezado, entrecot entre pecho y espalda y unos pastelitos para endulzar el día. Al finalizar un DJ más del siglo XXI que de finales del XX nos hizo bailar, al menos a mi, hasta las 3 de la madrugada.

No pude dormir en toda la noche. Entre la gente que subía a las habitaciones, los que se duchan de madrugada, la saturación de cansancio, los nervios del partido siguiente no dormí más de cuatro horas. A las 9 de la mañana opté, después de intentar dormirme con la radio y la televisión opté por irme a desayunar. En la cafetería coincidí con Joseli y dos de sus compañeros y estuvimos compartiendo experiencias Olímpicas y del torneo (llevaban 3 derrotas de 3 partidos y tenían que sacarse la espina).

BNAF- MBCA Amstelveen (37-52)
BNAF- MBCA Amstelveen (37-52)

Llegó el momento. 11:30 de la mañana. Nuestro rival un equipo irlandés, el BNAF. Iniciaron con buen ritmo y les replicamos hasta que a partir del final del segundo tiempo el partido ya se había decantado a nuestro favor. En el tercer tiempo nos empataron pero metimos una marcha más, que ellos no tenían, y al final ganamos 37-52. Todos los partidos los jugamos como visitantes.

Con la sensación de haber logrado el objetivo de no lesionarnos, haber disfrutado con este fantástico deporte y haber conocido a unas personas fantásticas, sólo me queda desear poder participar en futuros torneos. 

El regreso como el principio. Gracias Chema. He podido conocerte y compartir muchas conversaciones que dejan huella en mi mente. Hasta la próxima!

El regreso

Equipo veteranos en el 45 aniversario del Olímpico 64

Desde hace más de 15 años sostengo que mi gran crisis existencial no han sido los 50, ni los 40, sino los 30. A mi regreso de Córdoba, en 1993, intenté volver a jugar en el senior del Olímpico que seguía dirigiendo el sempiterno Toñin. Supongo que por cariño me admitió en la pretemporada.

Mis 95 kilos ponían en evidencia una lentitud que no era capaz de compensar con experiencia (No, no nos equivoquemos, hay un punto en el, por desgracia, no son compensables). El sobrepeso se hacía sentir como dolorosas tendinitis en unas rodillas a las que intentaba engañar confiando en que el ejercicio físico me pondría en forma. (No no nos engañemos, la clave está en reducir la ingesta de calorías). El despeque de otros chavales jóvenes, con gran desparpajo y habilidad, que eran mucho mejores que yo, entre ellos Dani-Danilovich, me ponían en evidencia.

El equipo Old Star, de azul. Arriba: Toñin, ¿?, ¿?, Luis, Jorge, Nacho, Pedro, Nacho, Dani, Diego, Juan, Nicolás, ¿?, Carlos y Dani. Abajo: Paco que se cree más jóven.
El equipo Old Star, de azul. Arriba: Toñin, ¿?, ¿?, Luis, Jorge, Nacho, Pedro, Nacho, Dani, Diego, Juan, Nicolás, ¿?, Carlos y Dani. Abajo: Paco que se cree más jóven.

Toñin no tuvo ni que decírmelo. Al cuarto o quinto entrenamiento ya no podía más y abandoné. Quedé relegado al cementerio de los elefantes, jugando en la Dehesa de la Villa y en el Triángulo de Oro, con quienes compartí equipo en otros tiempos Alberto Blanco, Javier Amo, Paco de la Torre. Incluso jugábamos en la líga municipal que arbitré tiempo atrás. Tenía tanto peso, mi cuerpo estaba tan orondo y éramos tan bajitos que jugaba de pivot.

Pasó mucho tiempo. Tardé diez años en quitarme el sobrepeso. Me quedé en 72 kilos y recuperé parte de mi forma física. Me reencontré con el baloncesto en una liga de las Rozas. Coincidiendo con el 40 aniversario volví a contactar con los Olímpicos.

Aunque nunca volvió a ser lo que fue, me sentí mejor de lo que era.

Desde entonces con algún altibajo, sigo participando del rito que supone enfundarme una camiseta todas las semanas. Cada martes me descuelgo del mundo paralelo en el que me ha tocado vivir para saltar a la cancha.

Algo deteriorados por el tiempo, cada cual mantiene sus peculiaridades y su estilo.

Arriba: Carlos, Dani, Pachi, Pedro, Dani, Joseli, Nicolás, Luis y Francis. Abajo: Paco, Rafa, Ángel, Alejandro y ¿?
Arriba: Carlos, Dani, Pachi, Pedro, Dani, Joseli, Nicolás, Luis y Francis. Abajo: Paco, Rafa, Ángel, Alejandro y ¿?

Pedro, tan largo como siempre, sigue subiendo al tiro libre para postear, recibir y tirar a canasta. Continua girando su cuerpo alternativamente cuando coge un rebote en defensa para que no se lo quiten. Bubi, el que juega a eterno despistado, sigue colocando sus codos de manera perfecta para proteger el balón mientras pivota o entra a canasta, y lanza sus tiritos a media distancia que si, finalmente, entran. Javier Amo, renqueante en lo defensivo y certero en el lanzamiento desde larga distancia. Le llegó tarde el 6,25. Paco de la Torre, driblador donde los haya, puro ímpetu al encarar la canasta, aprovecha sus oportunidades para chufar en las proximidades de la zona. Alberto Blanco, el cerebro, el gran pasador y descubridor de espacios vacíos, aquel al que todo defensor ha de mirar a los ojos para no llegar tarde o sufrir una puerta atrás. Te echo de menos “monstruo”.

Carlos Montero, el pequeño de los mayores y el mayor de los pequeños. Ser intergeneracional. Pivot moderno. Botador, buen tirador y hábil en la colocación. Poco fajador.

Torneo de San Antonio. Nicolás, Pedro, Ángel, Luis, Jorge, Jaime, Rafa, Paco de la Torre, Alejandro, Dani, Carlos y Joseli.
Torneo de San Antonio.
Nicolás, Pedro, Ángel, Luis, Jorge, Jaime, Rafa, Paco de la Torre, Alejandro, Dani, Carlos y Joseli.

Dani, la elegancia del baloncesto, inteligente. Armonía y estilo, nacido para tri-tri-tri-triplear. Ángel, correcaminos de gran zancada, entrada desgarbada y gran eficacia. Juan, hoy ausente, asesino en el tiro e incordio defensivo. José, dubitativo en sus entradas y renqueante en su defensa, tira sus triples con el descaro del que no teme fallar. Moises algo blandón pero con buena intención. Ahora desaparecido. Rafa, mi primer entrenador, duro como el granito, peleón donde los haya, se permite lanzar algún tiro de vez en cuando para intimidar al rival. Nacho “Manolo”, grande como el solo, siempre presto a meter un triple de más de 6,25 y a entrar en la zona lanzando la bola al tablero con efecto con la certeza de que sabrá llegar a su destino. Dulsé, el tanque de la cancha, aparentemente lento pero con una gran habilidad para salir en contrataque y encarar la canasta, buen lanzador. Diego, polivalencia en la cancha. Le falta el “pantumeque” para ser como Mingus, aunque con su estilo peculiar. Fajador, y corredor, puro terreno urbano como su coche. Alex, raza, fuerza y competitividad. Habilidoso en el rebote, estilo peculiar en el triple pero efectivo. Chema, disciplinado, hábil de movimientos y buen tirador. Joseli, la sincronía. Colocación, oportunidad y técnica para jugar en la pintura. Jorge y Jaime. Torres no gemelas. Cada uno en su estilo. Grácil y cuadriculado el primero, más atrevido el segundo. Salva, el trotamundos. Empecinado, fuerte y vigoroso. Charli, tosco, fuerte, valiente y osado como para pelearse con todos. Francis, hoy lesionado, llegó tarde al baloncesto pero con ganas y constancia. Chelu y Esropa, fuertes y empecinados los dos. Seguro que faltan muchos, algunos porque se fueron.

Mis amigos del Basket.

Olímpico 64 – Old star. Blancos o negros. Ganamos seguro.

Antonio de la Serna 1988-1990 (26 y 27 años)

Equipo Senior del Olímpico 64. Desde la izquierda: ¿? (delegado), Nicolás, Roberto, José, ¿?, Luis, Carlos, ¿?, ¿?, Guillermo, Juan Figueroa y Toñin
Equipo Senior del Olímpico 64. Arriba: Dani, Juan, Nicolás, Guillermo, Miguel, ¿?, Agustín y Dulsé. Abajo: José, ¿Morti?, Carlos y Toñin.
Equipo Senior del Olímpico 64. Arriba: Dani, Juan, Nicolás, Guillermo, Miguel, ¿?, Agustín y Dulsé. Abajo: José, ¿Morti?, Carlos y Toñin.

La siguiente temporada, la base del equipo continuó siendo la misma, con la excepción de Carlos Blitz y Héctor Perotas que lo dejaron. Se incorporaron el “Morti” y algún otro que no recuerdo muy bien.

Al principio de la temporada empecé a entrenar a los cadetes de oro pero, antes de Navidad lo tuve que dejar porque conseguí mi primer curro. Ante esa oportunidad y dada mi situación familiar tuve que dejarlo, muy a mi pesar.

Equipo Senior del Olímpico 64. Arriba Dani, ¿?, ¿?, Vicente, Dulse, ¿?, Carlos, Toñin, ¿?, Nicolás, Nacho, ¿?, José y Roberto.
Equipo Senior del Olímpico 64. Arriba Dani, ¿?, ¿?, Vicente, Dulse, ¿?, Carlos, Toñin, ¿?, Nicolás, Nacho, ¿?, José y Roberto.

En noviembre de 1989, me concedieron una beca y me fui a vivir a Córdoba, dónde entrené unos cuantos meses con el Caja Sur, invitado por Rafa, un amigo geógrafo, que jugaba allí. Cómo volvía los fines de semana a Madrid por mis compromisos familiares no tenía posibilidades de jugar. La falta de la zanahoria de los partidos, hizo que mi interés fuera declinando hasta que dejé de entrenar.

Equipo Senior del Olímpico 64. Desde la izquierda: ¿? (delegado), ¿?, ¿?, Luis, ¿?, Carlos, ¿? y Toñin. Abajo: Roberto, guillermo, Nicolás, Juan Figueroa y Jose.
Equipo Senior del Olímpico 64. Desde la izquierda: ¿? (delegado), ¿?, ¿?, Luis, ¿?, Carlos, ¿? y Toñin. Abajo: Roberto, guillermo, Nicolás, Juan Figueroa y Jose.

Mi traslado supuso dejar el Olímpico, no sin antes protagonizar una derrota que Roberto tiene grabada entre ceja y ceja, porque le “desasistí” jugándome la bola decisiva cuando faltaban cuatro segundos. Razones tendría.

Alfredo Calleja-Antonio de la Serna 1987-88 (Senior 25 años).

Atlético de Madrid de baloncesto. Temporada 1987-1988.

Con Toñín al frente volvimos a segunda división y el Olímpico se fusionó, transfirió, cedió, o lo que sea, los derechos de la categoría al Atlético de Madrid, en su intento por subir a Primera B desde abajo.

Del Olímpico 64 solamente quedamos tres: Vicente Zaragoza, Carlos Montero y yo. El resto, oriundos venidos de diferentes equipos: Héctor Perotas, que había jugado en el Estudiantes, y Agustín venían del Bancobao, Carlos Blitz, junior del Madrid, del Estudio, José del Caja de Álava, Guillermo del Kónica Las Rozas y Miguel, no se de dónde.

Nos dirigía Calleja quién, al parecer, había sido entrenador del junior del Madrid. Un hombre chiquito y escurrido que fumaba tanto o más que Toñin. Algo más macarrilla y menos gracioso.

Atlético de Madrid de baloncesto

Durante los primeros meses se barruntaba que harían un contrato. A mi me daba igual porque lo que me interesaba era jugar. A quién no le dio lo mismo fue a Juan María Prada, ex del Madrid, con el que Gil y Gil flirteaba para que jugase con nosotros. Todos los viernes acudía a la cancha de los Sagrados Corazones, donde entrenábamos cuatro días a la semana. Preguntaba a Alfredo Calleja si habían llevado su contrato. Este le decía que no, y aquel se largaba por donde había venido, con esa parsimonia que caracteriza a los longilíneos.

Revista Basket Madrid. Octubre. 1987. Clasificación Interautonómica. Temporada 1987-1988.
Clasificación 1ª Interautonómica 1987-1988

A Héctor Perotas también le afectó lo de no hacer contrato, pero como le gustaba jugar, decidió que sólo iría los viernes a moverse un poquito, para coger el partido del domingo con algo de motivación.

Atlético de Madrid de baloncesto. Temporada 1987-88. Foto realizada por Javier Orellana Avilés en el colegio SEK (Madrid).
Atlético de Madrid de baloncesto. Temporada 1987-88. Foto realizada por Javier Orellana Avilés en el colegio SEK (Madrid).

A los demás nos engatusaron con el chandal Puma del Atleti, una camiseta franjirroja, un pantalón azul , un par de medias rojas con tres bandas blancas y un abono para ir a ver al equipo de fútbol los domingos que jugaban en casa y nosotros no jugábamos fuera, es decir, casi nunca.

Cartel del partido C.B. Torrejón contra el Olímpico 64 celebrado el 20 de marzo de 1988 en Torrejón de Ardoz.
Cartel del partido C.B. Torrejón contra el Olímpico 64 celebrado el 20 de marzo de 1988 en Torrejón de Ardoz.

Nos llevaron un par de veces al Calderón para conocer a Gil y Gil pero como perdimos los cinco o seis primeros partidos pasó de nosotros “olímpicamente”. En una de esas ocasiones recibimos el aplauso del público tras advertirse por los altavoces de nuestra presencia.

La temporada pasó sin pena ni gloria. No sé cómo quedamos, supongo que de pena. A nuestros partidos en casa no venía nadie, sin embargo cuando viajábamos a provincias era espectacular.

Los futboleros atléticos de las ciudades dónde jugábamos llenaban los pabellones, hasta el punto de que teníamos más afición que el equipo del lugar. En alguna ocasión, incluso nos vimos firmando autógrafos a los chavales que se acercaban al autobús. Ni aún así levantamos cabeza.

La desilusión de muchos jugadores, los empecinamientos de Alfredo Calleja y la actitud general no contribuía a crear un buen ambiente. Lo cierto es que a mitad de temporada el equipo quedó en manos de Toñín y mejoramos considerablemente, salvando la categoría.

Celebración fin del campus de baloncesto celebrado en Astillero (Cantabria) en 1988.
Celebración fin del campus de baloncesto celebrado en Astillero (Cantabria) en 1988.

Al finalizar la temporada se nos ofreció participar como entrenadores en un campus de baloncesto en Astilleros en Cantabria. Los capos del campus eran Harold y Buddy. Dos típicos gringos de mejillas sonrosadas.

 

Con Buddy, entrenador general campus de baloncesto celebrado en Astillero (Cantabria) en 1988.
Con Buddy, entrenador general campus de baloncesto celebrado en Astillero (Cantabria) en 1988.

El primer día del campus ,Buddy, el principal, una vez que la chiquillería estaba colocada y los entrenadores frente a ellos, se gira a Harold y le dice algo, concretamente ¿Dónde está el médico?. Este va a los organizadores y le responden que en su consulta que si se le necesita que le llaman, a lo que Buddy responde que hasta que no esté el médico no se empieza. Tuvieron que ir a por el y no empezamos hasta que apareció.

El afroamericano del campus se llamaba Gerald. Se comía los platos de judías con los dedos (Probablemente Dulsé y Diego se acuerden de ello). Jugaba en la liga universitaria. Me enseño varios ejercicios de dominio de balón y esa finta que intento emular de vez en cuando (con poco éxito por cierto) cuando botando con la derecha, haces que irás para la izquierda pero avanzas la pierna derecha, pasas el balón por debajo de ella y vuelves a votarla con la derecha a la vez que cambias de dirección y rítmo. Un lio. Prefiero el directo.

Grupo de entrenadores del campus de baloncesto celebrado en Astillero (Cantabria) en 1988.
Campus de baloncesto. Astillero (Cantabria) 1988.

También había una marrón, (así les llama mi hijo), Linette, que compró un disco de Bob Marley que finalmente me quedé. Tiraba y jugaba muy bien. Nunca la encontraremos en los powerpoint de Alberto. El resto todos conocidos de la temporada, Guillermo, Agustín, Miguel, Gorka, Toñín y el gran Pepe «Moura».

Con Bobby Louis en Madrid, al regresar del Campus de Astilleros (Cantabria) en 1988.
Con Bobby Louis en Madrid, al regresar del Campus de Astilleros (Cantabria) en 1988.

El tercero de los marrones creo que se llamaba Boby Lewis, no es un juego de palabras con nuestro auténtico «codos de aguja». Creo que había jugado en la NBA. El pavo hacía un show de técnica individual y una de sus especialidades era lanzar el balón desde el campo contrario, muy bombeado,de tal forma que botase entorno al tiro libre y volviese a subir para encestar. Tenía mejores porcentajes que muchos triplistas de la ACB.

Jugones del campus de baloncesto celebrado en Astillero (Cantabria) en 1988.
Jugones. Campus de baloncesto. Astillero (Cantabria) 1988.

Lo mejor de Astilleros fueron los chicos, el embrión del equipo cadete que empecé a dirigir a la vuelta del verano. Dulsé, Íñigo, Juanjo… Unas máquinas en potencia, cada uno en su estilo. Particularmente, Íñigo era mi debilidad, un “minimagic” que improvisaba genialidad.

Antonio de la Serna. 1983-1987 (21-24 años)

Equipo Senior del Olímpico 64. Arriba: Javier Portales (delegado), Morti, Miguel, Carlos, Vicente, ¿?, y Toñin (entrenador). Abajo: Alberto, Nicolás, Alfredo y Javier Amo.

Tras la experiencia de Sunday volvió a liderarnos Toñin. Esta vez durante cuatro temporadas en Tercera división. La base del equipo siempre la misma. Carlos y Pedro, Bubi, Alfredo, Alberto, Javier Amo, Vicente, Paco.

Fueron años buenos que sirvieron para forjar la amistad que hoy mantenemos. Nuestro nivel de baloncesto, aunque no tan sólido como durante la época de “el rubio” se mantuvo bastante bien. No subíamos pero tampoco descendíamos. Y sobre todo nos lo pasábamos de lujo.

Para eso Toñin era el anfitrión perfecto y, a su nivel, Alberto Blanco. Entre los dos eran capaces de sostener una velada contando chistes y anécdotas de todo tipo. Especialmente me atraían las batallitas universitarias de Toñin en la época de los grises. También estilábamos jugar a la pocha.

A nivel personal estas temporadas fueron muy intensas. Jugaba a casi todo. Al baloncesto con el Olímpico, y con el equipo de “mataos” de mi facultad. Al fútbol sala con el Bodegas Gimeno y con un equipo de la facultad de Derecho.

Cartel del partido C:P. Ambroz contra el Olímpico 64, celebrado el 11 de marzo de 1984 en Plasencia.
Cartel del partido C:P. Ambroz contra el Olímpico 64, celebrado el 11 de marzo de 1984 en Plasencia.

Los fines de semana comencé a arbitrar partidos de baloncesto con mis amigos de siempre. Era la época de Tierno. Las Juntas de Distrito comenzaron a promover numerosas actividades. Un tal Benjamín, a quién conocí en la parro, andaba buscando quién arbitrase la liga municipal de Baloncesto y dio con nosotros. Por su parte, Toñin también me ofreció arbitrar en la liga de Alcobendas, donde él trabajaba.

Los fines de semana eran tremendos. El viernes, después de entrenar, salia con los amigos por las noches. A la mañana siguiente José Manuel, Alfonso, Dorín y yo arbitrábamos en la Dehesa de a Villa, por la tarde partido de fútbol sala. La noche del sábado de juerga y el domingo por la mañana partido con el Olímpico. En numerosas ocasiones, empalmaba la noche con el partido del día siguiente. Pasaba por casa, cogía la bolsa, me tomaba un café y me iba directamente al CM donde mis amigos, detrás de sus gafas de sol, contemplaban las palizas que me pegaba, campo arriba, campo abajo.

Equipo Senior del Olímpico 64. Arriba: Vicente, ¿?, Nicolás, Pedro, Carlos y Toñin. Abajo: Javier Amo, Eduardo, Luis, Humanes y Paco de la Torre.
Equipo Senior del Olímpico 64. Arriba: Vicente, ¿?, Nicolás, Pedro, Carlos y Toñin. Abajo: Javier Amo, Eduardo, Luis, Humanes y Paco de la Torre.

Durante esas temporadas llebaba el pelo largo. Ya había adquirido carácter y no me dejaba achantar ante los veteranos de los equipos contrarios. Casualmente en más de un campo me apodaron la “bruja” (Villanueva de la Serena, Cuenca). Me encantaban y me estimulaban los gritos que lanzaba el público desde la grada cada vez que me envalentonaba ante las pequeñas triquiñuelas que intentaban los veteranillos que no podían conmigo. Si uno me agarraba la camiseta, yo le esperaba a la siguiente con mis brazos en alto para impactarlos contra sus muñecas en un golpe difícilmente visible por los colegiados. Adquirí gran habilidad usando mis codos para evitar los agarrones y empujones a los que pretendían someterme. Recursos que sólo utilizaba ante aquellos que intentaban sacar ventaja con métodos sucios. Por eso Alex, me rebelo en las pachangas de los martes, cuando alguien recurre a ellos. Siempre admiré a los que me vencían limpiamente y nunca perdoné a los que no admitían que les venciera.

Cartel del partido San Lorenzo contra el Olímpico 64 celebrado el 13 de octubre de 1985 en San Lorenzo de El Escorial.
Cartel del partido San Lorenzo contra el Olímpico 64 celebrado el 13 de octubre de 1985 en San Lorenzo de El Escorial.

En una de esas temporadas cambió el baloncesto con la introducción de la línea de tres puntos. Como nunca destaque por ser un gran tirador, poco pude aprovecharla. Destacaba defendiendo, robando balones, sacando el contrataque y lanzando tiros libres.

Me encantaba salir rápido con la bola. No tenía la habilidad de Paco, aunque, de vez en cuando, me salía su típico reverso, tras tentar al defensor, dejando alejarse medidamente la pelota, para que cuando intentara robarla yendo hacia adelante, dar un bote rápido hacia atrás entre las piernas y otro sucesivo haciendo un reverso sobre el pivote, para dejar a sus espaldas al defensor mientras encaraba la canasta.

Lo que a mi mas me gustaba era desbordar en plena carrera. Pasar el balón por detrás del cuerpo o por debajo de la pierna a la vez que cambiaba sutilmente de dirección. De atrás a adelante, de izquierda a derecha, de derecha a izquierda. También pasar el balón de derecha a izquierda superando al defensor, para después de un bote y dando pasos de derecha encarar la canasta dejando una bandeja con un leve giro de muñeca tirando hacia atrás. Muy dificil de prever y muy dificil de parar. Tenía muchas variantes dependiendo de la situación del defensor. En algunas ocasiones con tiro pretendido, en otras como simple forma de llevarte a un pivot para que algún compañero cogiera fácilmente el balón, una vez tocado el tablero. Llegó a ser tan característica que los Olímpicos mas cercanos la conocen como la Nico’s one.

Durante un encuentro contra el Arquitectura de Eduardo Ayuso en Vallehermoso utilicé por primera vez en un encuentro otras dos jugadas que me caracterizaron. En su equipo Pili y Mili, de los que tengo la sensación que siempre nos miraban por encima del hombro. El partido muy igualado. Dos arriba, tres abajo. En la segunda parte volvía a salir a la cancha cuando quedaban apenas cinco minutos.

La primera en los morros de Pili y Mili. Salía botando al contrataque y tras pasar el centro del campo intentaron cerrarme el paso creando una barrera con sus piernas, a lo que respondí saltando entre ambos, a la vez que pasaba el balón por debajo de las mias encogidas. Nuevo bote, pase a Vicente y canasta. Ayuso miraba incrédulo la situación descargando su ira contra sus jugadores.

La segunda a falta de quince o veinte segundos. Presión en todo el campo. Recibo el balón en la parte derecha de la zona a un metro de la línea de fondo de nuestro campo. No tengo dónde pasar y siento el aliento del contrario en mi cogote. Me paro un segundo y paso rápidamente el balón por el lado derecho de mi defensor, mientras giro mi cuerpo por su lado izquierdo, reencontrándome con el balón justo a su espalda. Dos botes pase largo, asistencia y canasta. Recuerdo el careto de Eduardo Ayuso tirándose de los pelos. No se lo podía creer. Ni creo que nadie de los que estaban en el pabellón.

Cualquiera diría que fue casualidad, pero no era así. Esos recursos, como la Nico’s one, me eran muy familiares. No tanto por practicarlas en los entrenamientos sino por repetirlas una y otra vez en momentos solitarios ante una canasta, en las pachangas de la parro y en los partidos de la facultad.

Al finalizar la temporada del año 86, coincidiendo con el último examen de mi carrera, mi padre se quedó hemiplégico y el baloncesto se convirtió en el refugio en el que me cobijaba. Tuve que dedicar mucho tiempo a mi familia, lo que supuso dejar algunas de mis dedicaciones y, posiblemente, que mi carácter cambiara. En estos momentos el baloncesto significó mucho para mi, aunque mi sufrimiento interno no trascendiera a los demás.

 

Sunday Palace 1982-1983 (20 años)

A la “edad de oro” de Antonio, le sucedió el fiasco de Domingo Palacios al que rebauticé como “Sunday Palace”, un tipo a años luz del “rubio” y que se enfrentaba al elevado listón de su predecesor. Por lo que me cuenta Carlos, duró dos telediarios aunque a mi me parecieron décadas.

A Sunday lo recuerdo como un Groucho Marx, al modo tonelete y con la calva rodeada de pelo gris. Se lo tomaba muy en serio. Tanto, que no empatizaba en absoluto con sus jugadores. Bueno con algunos si, y así nos fue. Siempre tuve la sensación que nos esforzábamos por él, no por afán de superación colectiva.

Con Sunday vinieron Pili y Mili, Pablo Postigo y alguno mas. Sólo por situar a sus jugadores se vivieron episodios desagradables en su trato con Olímpicos históricos que no me corresponde contar, especialmente con Javier Amo,. A mitad de temporada lo dejamos, y lo dejó, o lo dejó sin más. Se hizo cargo del equipo Daniel de la Serna, hecho que mi memoria tiene completamente suprimido. Probablemente porque descendimos nuevamente a Tercera División.

 

Antonio Fernández. 1979-1982 (17 a 19 años – Junior)

Ficha junior de la temporada 1980-81. La foto es de la época. La original la utilizaría para otra ficha.

1979-1980

Al finalizar la temporada, el equipo junior de José Cunha se deshizo y al año siguiente, mi primer año junior, empecé a jugar con Antonio Fernández “el rubio” en Tercera División. Un equipo espectacular. Antonio incorporó a parte de sus chicos de siempre. Al menos yo lo recuerdo así. En las torres Pedro, Felipe, Javier Bergia, Alonso y Vicente Zaragoza. Como aleros Bubi, Alfredo Lobato, Chema Rico, Eduardo “Dudu” y Alberto Blanco. Como bases Paco de la Torre, Carlos Alburquerque y yo mismo. El mejor equipo en el que he jugado jamás.

Las pretemporadas eran impresionantes. Pura Casa de Campo. Salíamos del CM y quedábamos con Antonio, en muchas ocasiones acompañado de Pepe Mora, en el Teléferico. Allí nos daba una paliza de ejercicios físicos y vuelta al CM. La carrera era trepidante. Felipe, Chencho, Alfredo, Dudu y yo. Parecíamos una máquinaria perfectamente sincronizada que, conforme llegaba a su destino, imprimía su mayor rítmo. Cogíamos aire, lo exhalábamos, avanzábamos impulsados por el ímpetu del otro. Llegábamos agotados. Aunque si la distancia hubiese sido superior, no nos hubiera importado. En la cancha, ¡rueda de cuatro calles!

En ese primer año, mientras corríamos hacia el lago por el lado izquierdo de la carretera de la Casa de Campo, ya echada la noche, un coche adelantó a otro que circulaba a la altura del campo de las porterías. No sentí nada. Podía haberme ido para siempre, pero la suerte estuvo de mi lado. El coche que adelantaba me embistió por detrás y mi cabeza chocó con las piernas de Alfredo dejándome inconsciente. El susto que se llevaron mis compañeros debió de ser de aúpa. Abrí los ojos. No había nadie a mi alrededor. La enfermera me preguntó si ya me había despertado. Me dijo que me había atropellado un coche. Al rato dejaron pasar al conductor que fue adelantado y que, por fortuna para mi, paró y me llevó al hospital. Sin saber muy bien porqué, le dije que no sabía que había pasado y le pedí perdón por si hubiera tenido la culpa. Al cabo de un tiempo me dieron el alta. Se había pasado el susto. Antonio, Bubi y Pedro estaban esperándome.

Equipo Senior del Olímpico 64. Arriba: Antonio "el rubio (entrenador), Felipe, Javier, Pedro, Alberto, Vicente, Eduardo, Luis, Javier y Paco de la Torre,
Equipo Senior del Olímpico 64. Arriba: Antonio «el rubio (entrenador), Felipe, Javier, Pedro, Alberto, Vicente, Eduardo, Luis, Javier y Paco de la Torre,

Desde el primer día, Antonio me dejó clara mi misión. Al inicio del ataque, cuando alguien coja el rebote en defensa, te acercas a él, le quitas el balón de las manos, buscas a Dudu y, dando un bote como mucho, lanzas el contrataque (es decir, rueda de cuatro calles, versión partido). Dicho y hecho. Más me valía, porque si me salía del guión, al banquillo, como le ocurría a Felipe después de lanzar su segundo tiro a mas de tres metros del aro.

En defensa, tenía que apretar al que llevaba la pelota, obligándole a botar con la mano torpe, y molestarle el pase al finalizar el bote. Y ahí, aunque ellos no lo supieran, tuve dos grandes maestros: Dudu y, en mayor medida, Paco de la Torre. Ambos grandes atacantes y medianos defensores. Un ambiente óptimo para mejorar en lo que era su debilidad. Defendiéndoles en los entrenamientos aprendía una barbaridad, al tiempo que me ganaba los minutos de juego. Mantenerme, ante los driblings y reversos de Paco y el brazo estirado de Dudu mientras protegía la pelota, era un verdadero reto. En su puesto no había otros mejores en la categoría y eso me benefició. Al menos eso creo, porque seguí jugando las temporadas posteriores.

Para finalizar con las flores, hubo otra cosa que aprendí de Paco y que me encantaba hacer. Cuando un contrario robaba un balón y entraba a canasta, Paco corría tras él siguiéndole los pasos como si fuera una pantera. Al dejar de botar, el susodicho daba los dos pasos de rigor y estiraba el brazo para dejar la bandeja. Paco le seguía al acecho y ajustaba sus pasos a los del contrario mientras se le acercaba por la espalda. Batía el segundo paso, muy cerca del de la víctima y casi al mismo tiempo, pero lanzando el brazo muy encima de dónde él dejaba la pelota. El gorro era espectacular porque generalmente el balón rebotaba contra el tablero y salía despedido, acompañado del armonioso uuuuuuhhhhh!, que suscitaba entre los presentes. Grande Paco. No sabes como disfruté ejecutando ese tapón y viendo la cara que se les quedaba a los que lo recibían.

La temporada fue impresionante. Ganamos todos los partidos menos uno que empatamos. Sí, en aquella época había empates. Quedamos imbatidos. Empezábamos a crear la leyenda.

Yo era un chaval que apenas había salido de mi barrio. Las tardes de los domingos que jugábamos en casa íbamos por Alonso Martinez. A Fox o a Rebote. Antonio, Alberto, Vicente, Bubi, Pedro, yo y el que se apuntara. En el mundillo del baloncesto nos conocían, y a Antonio y Alberto también en el de la radio. Nuestros partidos los grababan en vídeo y se ponían en las teles de los pubs que visitábamos. Me sentía flotar. Si hubiera ligado, hubiera sido la leche.

Alternaba los partidos con un junior que dirigía Toñin. Jugábamos Petite, Alfonso Bustos, Juan Santos. Un equipo de rastrillo que no tuvo la menor gloria. En un partido crispado, contra un equipo cualquiera, estaba haciendo el típico en el que todo te sale bien. En un tiro a canasta, el “capullo” que me defendía, en vez de puntearme el tiro, me dio un toque en los que mi hijo llama los gremlins. Al duro impacto grité espontáneamente “hijo de puta”, mientras caía al suelo retorciéndome. El resultado fue mi expulsión. Se llevaron mi ficha y me cayeron tres partidos. El pavo se fue de rositas. Pequeñas injusticias que tiene el deporte.

 

1980-1981 (18 años)

Durante la temporada siguiente me hicieron ficha con el equipo de Carlos el “patas”. Según cuenta, como no había equipo junior, subieron de categoría a todo su equipo juvenil para que yo tuviese tener ficha para poder jugar en el Tercera. El pseudojunior lo llebaba Manolo Bustos. Carlos dice que en el parque, jugando contra el Madrid me pitaron cinco faltas en ataque, cualquiera que siga sus crónicas sabe de sus exageraciones.

Cartel del partido C.B. Renfe contra el Olímpico64, celebrado el 8 de noviembre de 1981, en Madrid.
Cartel del partido C.B. Renfe contra el Olímpico64, celebrado el 8 de noviembre de 1981, en Madrid.

En la vuelta, en el Palacio de los Deportes hice un partido “que te pasas”, aunque Goya se empeñó en estropear cada una de las fantásticas asistencias que le dejé. Durante los tiempos muertos, en vez de escuchar a Manolo me dedicaba a flirtear con unas mozuelas que iban a ver al senior del Madrid. Guiños, risitas, miraditas, etc. Al finalizar el partido pudimos quedarnos y, esta vez si, ligué gracias al basket. Elvira se llamaba.

Mientras tanto, con el equipo de Antonio seguíamos haciendo estragos. Teníamos un equipo invencible y sobre todo bastante divertido. Se organizaron algunas fiestas en discotecas, a las que acudía medio barrio que estaba volcado con nosotros, o en casa de Vicente. Vendíamos lotería, maldita/bendita lotería, colocando mesas en la parro. Íbamos a escuchar música a casa de Antonio después de los entrenamientos.

Una de las temporadas, la jugamos en el Consejo Superior de Deportes, porque se intentó arreglar el parqué de la cancha del CM. En efecto, se intentó y nunca se consiguió, como podemos evidenciar todavía en los ataques derechos de ambas canastas. Ese año alguien consiguió un patrocinador excepcional que nos pagó un Le Coq Sportif. Una pasada de chándal que lucíamos orgullosamente en los calentamientos previos a los partidos. Allí teníamos menos seguidores porque la cancha estaba dividida en tres campos y no había gradas, sino una barandilla en uno de los fondos, un poco incómoda para ver los partidos.

Cartel del partido C.B. Cuenca-Mutral contra el Olímpico 64, celebrado el 22 de noviembre de 1981, en Cuenca.
Cartel del partido C.B. Cuenca-Mutral contra el Olímpico 64, celebrado el 22 de noviembre de 1981, en Cuenca.

Nuestro incondicional Sebastián, con su inseparable pipa, venía a vernos a todos los partidos, allá dónde fueran. Cuenca, Albacete, etc. Era uno más del equipo y de vez en cuando te hacía observaciones acertadas. También nos acompañaban las parejas de algunos del equipo. Paloma, la mujer de Alonso; Angelines, la de Alfredo, la novia de Vicente, la de Pedro, la de Bubi, etc.

No sé si en la Roda, jugábamos un partido muy tenso e igualado. Desde que empezamos a calentar el público no dejó de pitarnos. Ya en el partido, cada vez que cogíamos el balón o lanzábamos las pitadas eran monumentales. A Felipe le insultaban llamandole “Lola Flores” por el gesto que mantenía después de sus lanzamientos desde el tiro libre. Conforme avanzaba el partido las protestas a los árbitros se hacían más intensas. Llegó un momento en el que pararon el partido. La pareja arbitral llamó a la de Guardias Civiles y les dijeron que fueran a la grada para que sacaran a un tipo. Obedientes subieron las escaleras pero el público se les echaba encima. Bajaron rápidamente y le dijeron al árbitro que no podían hacer nada. Se decidió seguir jugando, con un público envalentonado que no paraba de meterse con nosotros. Al oírse el pitido final todos salimos corriendo a coger las cosas del banquillo, mientras un montón de gente invadía el campo. De pronto, advertí que no parábamos de recibir felicitaciones de todo el mundo. Dos años, dos años hacía que nadie ganaba aquí! De regreso todos felices comiendo “Miguelitos” en el bus.

Esa temporada, esta vez si, ascendimos a Segunda división.

1981-1982 (19 años)

La Tercera de las temporadas fue de nota. Jugamos en Cuenca (Mutral), Ciudad Real (RENFE), Valencia, Liria.

Valencia lo recuerdo especialmente porque volví a ver a mis amigos Pepe, Luis y Edu, con quienes el último contacto que habíamos tenido se produjo telefónicamente la noche del 23 F, cuando tenían los tanques en la calle. Lliria porque unos tipos, situados encima de nosotros, no pararon de tirarnos cáscaras de pipas durante todo el partido.

En uno de esos partidos, Antonio el “rubio” nos invitó a Bubi y mi al festival de Benidorm. Muy fuerte. Una sala repleta de personas de la tercera edad bailando, alrededor de sus mesas, los ritmos reggae de Eddy Grant. Algo muy fuerte para un marleyano como yo. Antonio tenía reserva en un hotel, donde acabamos durmiendo los tres en la única cama de matrimonio que había.

Al parecer, quedamos quintos. Al final de la temporada Antonio lo dejó. En plena cresta de la ola. Junto a él otros miembros del equipo a quienes eché mucho de menos, Alonso, Chema y más especialmente a Dudu y a Felipe.

Antonio de la Serna. 1978-1979 (16 años-Juvenil- Tercera)

Equipo Senior del Olímpico 64. Arriba: Toñin (entrenador), Pedro, Vicente, Javier, Paco, Pedro "el Junior". Abajo: Paco de la Torre, Nicolás, Alfredo, Luis, Javier Amo y mi hermana Eva.

No recuerdo bien con qué equipo jugué la temporada siguiente. Gracias a el tuve ficha para poder jugar con el Tercera que entrenaba Toñin.

Equipo juvenil del Olímpico con el que tenía ficha mientras jugaba con el Tercera división de Toñin. Arriba: Jose "el Ruso", ¿Alejandro?, Jose Manuel, Carlos y Goya. Abajo: Retamosa, Alfonso, Dorín y Javier Campillo.
Equipo juvenil del Olímpico con el que tenía ficha mientras jugaba con el Tercera división de Toñin. Arriba: Jose «el Ruso», ¿Alejandro?, Jose Manuel, Carlos y Goya. Abajo: Retamosa, Alfonso, Dorín y Javier Campillo.

Mi memoria de aquellos tiempo es algo confusa. Gracias a que conservo dos carteles de aquel año (contra C.P. Cacereño el domingo 4 de febrero y contra el Donantes de Sangre de Talavera de la Reina el domingo 25 de febrero, ambos del 79) soy consciente del momento. Jugaba con Pedro, Bubi, Pedro el Junior, Alfredo Lobato, Alberto Blanco, Javier Bergia, Paco Fotma (¿?), Mingus.

Toñín era un tipo fabuloso. Particularmente me trató muy bien. Y era un cachondo con todas las letras. Me enseño el baloncesto de las jugadas. Hasta entonces había hecho cosas muy simples pero a estas alturas la cosa se complicaba.

Lanzando a canasta en uno de los primeros partidos con el Tercera división contra el Colegio Calasancio. 1979.
Lanzando a canasta en uno de los primeros partidos con el Tercera división contra el Colegio Calasancio. 1979.

Me sentí muy bien acogido por el equipo, especialmente por los que siempre consideré mis padres Olímpicos: Pedro y Bubi (Una especie de Camp y Michel versión heterosexual, morenos y estirados).

A mis 16 añitos Bubi me llevó por primera vez a los bajos de Aurrerá. Con la apariencia de despistado que le gusta ejercer de vez en cuando, no creáis que me llevó a tomar una copa a horas intempestivas, sino que fuimos a desayunar, prontito, a eso de las diez u once de la mañana, y claro, Aurrerá vacío como un solar.

Supongo que por la novedad y por mi bisoñez, los nombres de los equipos me sonaban a … mayores. Ya no jugaba contra Estudio, San Viator, Estudiantes y demás, sino contra equipos desconocidos sobre los que los mayores me transmitían sus andanzas. No se porqué pero jugar contra Hermandades del Trabajo para mi era la leche en bote.

Molaban los viajes con los seniors. Gracias a ellos pisé las discotecas por primera vez, Cuando salíamos a provincias pasábamos la noche dónde jugábamos, y siempre salíamos por la noche. Cobijado entre tanto larguirucho entraba como uno más con el beneplácito de unos porteros que preferían captar nuevos clientes a ser remilgados por la entrada de un menor.

Cartel del partido C.P. Cacereño contra el Olímpico 64 celebrado el 4 de febrero de 1979 en Cáceres.
Cartel del partido C.P. Cacereño contra el Olímpico 64 celebrado el 4 de febrero de 1979 en Cáceres.

Quizás a los que no habéis estado en una pista de baile con un equipo de baloncesto os sea difícil imaginarlo. Los más altos de la pista, Marchosos como ninguno. Todos los lugareños preguntándose de dónde habían salido y mosqueados porque las lugareñas no dejaban de mirar caras ajenas a su territorio. En este contexto no se muy bien si aprendí o desaprendí, las artes de entrar a las del sexo contrario. Pedro el Junior y Vicente Zaragoza, maestros con artes dispares en la suerte del ligoteo, me enviaban como emisario a hablar con maduritas que, desde luego no eran de mi agrado, y posiblemente del de ningún mortal.

También aprendí a bailar un flan. A la hora del postre solían pedirlo para finalizar la comida. Pedro dirigían la ceremonia y uno a uno realizábamos el ritual. Movíamos el plato, asegurándonos que el flan no estaba pegado y lo sorbíamos de un trago, llenando nuestras bocas. En mas de una ocasión salía esparcido salpicando a todos los que contemplábamos la escena muertos de risa. Entre ellos yo, que en casa pelaba manzanas, naranjas y plátanos con cuchillo y tenedor.

Cartel del partido Donantes de Sangre contra el Olímpico 64 celebrado el 25 de febrero de 1979 en Talavera de la Reina.
Cartel del partido Donantes de Sangre contra el Olímpico 64 celebrado el 25 de febrero de 1979 en Talavera de la Reina.

Recuerdo el cachondeo que se corrieron a costa de Alberto y mía cuando en una pensión de Salamanca, tuvimos que compartir habitación y cama de matrimonio. Alberto no lo llebaba muy bien. Para colmo, en la habitación, al intentar abrir la ventana, esta se desencajó del marco y casi se le cae encima. Pasamos la noche cada uno a un lado de la cama, robándonos la manta para paliar el frío de narices que se colaba por las rendijas.

A partir de este momento, mi padre vino a verme a los partidos. No lo recuerdo antes, tampoco a mi madre. Le acompañaba mi hermana Eva, la peque que sale en la foto quién aprovechaba los previos y los descansos para hacer sus primeros pinitos en esto del baloncesto. No sé si será casualidad pero aparece junto al que años después fue su entrenador: Javier Amo.

Una curiosidad más. Durante un tiempo, la Federación Madrileña de Baloncesto confundió la foto tomada en el Colegio Calasancio con la canasta de la parroquia San Pío X. Os dejo el documento gráfico que muestra el error. Error que podéis apreciar visitando la web de la FMB.

 

Alfonso Peña y José Cunha (1977-1978)

Entrando a canasta en la categoría Juvenil. De espaldas Luis Javier.

En juveniles me volvió a entrenar Alfonso. Casi todos los del equipo eran mayores que yo. Jugaba con Juan Santos, Mike, Luis Gil Mazón y José Luis (ambos de Santovenia), Paco Navarro y Luis Javier. La mayor parte del equipo de cadetes lo dejaron.

Por aquel entonces se introdujo la regla del 3×2. Hasta entonces cuando a un equipo le hacían 10 faltas personales en un tiempo, tenía derecho a tirar dos tiros libres (como ocurre hoy al llegar a las 5). La nueva regla permitía tirar un tercer tiro en el caso de que uno de los dos primeros tiros libres se fallase. Normas de entonces. Si metías el primero te relajabas. Si fallabas dos, el tercero te acojonaba. Y si fallabas el tercero, deseabas que la tierra te engullera. Lo sé por alguna experiencia.

Esperando el lanzamiento de un tiro libre en categoría Juvenil. A la izquierda José Luis.
Esperando el lanzamiento de un tiro libre en categoría Juvenil. A la izquierda José Luis.

Esa temporada jugamos contra mi cole, que intentaba componer un buen equipo a costa del Olímpico. El padre Alex quiso hacernos ficha a los que éramos del Frayluis. No lo hicimos. Supongo que era más cómodo jugar en el barrio, que quedarnos a entrenar allí. Momento insuperable. El patio hasta las trancas y todos los compañeros a favor nuestro. Éramos mejores y ganamos. El calentamiento lo hicimos en el gimnasio dónde habitualmente saltábamos potro, caballo, plinton y demás. Durante el partido, Mike encestó, desde más allá de un 6,25 inexistente en aquella época, y la propia red sacó el balón del aro. Una canasta fantasma que nunca supimos si era legal o no, pero que protestamos porque el árbitro la invalidó.

El cole hizo cosas buenas ese año. En Vallermoso, los que elegíamos baloncesto en educación física, tuvimos a Del Corral como entrenador, unos años antes de que jugara en el Real Madrid y bastantes más de convertirse en doctor.

Además nos cursó una invitación para asistír a una Escuela de baloncesto que dirigían Buscató en Barcelona y Emiliano en Madrid. Ciento cincuenta chavales en las ocho canastas del polideportivo del Consejo Superior de Deportes. Allí coincidí con compañeros del cole y gente del barrio que no prosperaría en esto del baloncesto, recuerdo especialmente a Quirino y su camiseta de plástico que le hacía sudar como a un pollo.

Al finalizar el año, Emiliano y un tal Ricardo (parecido físicamente al Ricardo corazón de león que todos tenemos en mente, al que recuerdo muy emotivamente y con el que años después nos enfrentamos cuando entrenaba a un equipo de Guadalajara), me propusieron ir durante el verano a una concentración de “jóvenes promesas” que se celebraba en Málaga. Mis padres en aquella época se estaban separando, la economía doméstica no andaba muy bollante, yo estaba muy unido a la que era mi novia Dalia, de la que me costaba separarme, e Iñaquí en una conversación en su simca u 850 blanco tampoco me alentó demasiado. Lo cierto es que no tuve las narices suficientes como para optar por mí. Muchas veces me acordé de ello y muchas veces lloré haberme traicionado a mí mismo, al censurarme lo único que adoraba y aquello que me hacía ser. Desde ese momento, el baloncesto paso de ser una oportunidad, a convertirse en un refugio más de un adolescente marcadamente afectado.

A mitad de temporada, comencé a jugar en el junior resultante de la fusión de los Olímpicos del parque, con los CM de la piscina. Nos entrenaba José Cunha. Allí coincidí con jugadores que procedían del Cuartel de la Montaña (Caco “el Panameño”, Pirolo, Alberto, Frank, Pedro “el junior”), con Alberto Blanco del Olímpico, al que conocía de la música que ponía en los guateques de la parro. Era muy intimidante. Todos desconocidos. Gente bastante grande y mucho más fuerte que yo. Jugué varios partidos con ellos y no me fue demasiado mal, a tenor de los piques que se cogía el tal Pirolo en los entrenamientos, cuando nos ponían a robarnos mutuamente el balón mientras botábamos en el círculo central. Celebramos el fin de la campaña con una cena nocturna, tras la cuál fuimos al bingo del Canoe, donde me pasé más de una hora sentado en unas escaleras porque no me dejaron entrar. ¡Puto juvenil!

Al acabar la temporada, en el parque, después de uno de los partidos con mi equipo juvenil, se acercó Antonio de la Serna. No le conocía más que de haberle visto jugar y entrenar en el parque. Me entró con una cachondada sobre el partido que habíamos terminado y me propuso ir al siguiente domingo con el Tercera división. En honor a la verdad, no me extrañó, lo recuerdo con la mayor naturalidad del mundo. Lejos de celebrarlo con una gran alegría, lo asumí como una gran responsabilidad. No lo festejé especialmente, ni se lo transmití a nadie. Lo cierto es que días después, me vi con Pedro y Bubi en un 600 amarillo rumbo a un pueblo a las afueras de Madrid. Gracias Toñin.

Iñaqui Serrano (1976-1977)

Equipo Cadete. Arriba: Ángel, Miguel de Paúl, Luis Gil Mazón, Iñaqui (entrenador), Constante, Juan, Fernando, Abajo: Fernando Couto, Nicolás, José, Jaime Bech y Alonso.

Mi siguiente entrenador fue Iñaqui Serrano. Más duro que Alfonso, tanto como Antonio “el rubio”, pero menos creible. Era más dado al cachondeo. Se preocupaba mucho del fondo físico y recuerdo como me corregía pequeños vicios en el tiro. Decía que sacaba el balón por encima de la cabeza. Tuvimos un buen equipo. Salimos en el Espolón compartiendo página con una entrevista que les hicieron a los junior, Itu y Romay, cuando jugaron en el parque, y con la noticia de un rècord del Olímpico en categoría infantil, 272-21 a favor del Virgen de Atocha, todo un show.

El equipo lo formábamos Jaime Bech, Fernando Couto (Curro), Manuel Constante, Miguel de Paúl, Alonso, Luis Gil Mazón, Juan Santos, Fernando Pino, Ángel Rodriguez (el hoy esposo de la hermana de mi gran amigo y desaparecido Lorenzo), José Hernández (“el perro”) y Alfonso Gracia. Quedamos invictos. No perdimos ningún partido en liga, pero nos eliminaron en los cruces.

Entrando a canasta en el Parque contra el equipo de la base de Torrejón de Ardoz Runimede. Ganamos 115-6. En su casa 105-0 (jugado en Vallehermoso).
Entrando a canasta en el Parque contra el equipo de la base de Torrejón de Ardoz Runimede. Ganamos 115-6. En su casa 105-0 (jugado en Vallehermoso).

Esa temporada ganamos 105 a 0 al Ruidmede, un equipo de la base americana de Torrejón de Ardoz que jugaba en Vallermoso. Iñaqui, consciente de la situación, nos pidió que defendiéramos en zona con los brazos en alto y que saliéramos al contrataque. Tiraban desde fuera y los balones rebotaban, una y otra vez, sin conseguir entrar. En casa les fue más fácil. Ganamos 115-6 gracias a los tableros del parque, de cuyas virtudes corresponde hablar a Javier Amo, al “rubio” y otros tiradores de la época. Bueno, también a Mike, sobre todo en las pachangas.

A los partidos de fuera de casa, llevábamos la ropa en una bolsa, para cambiarnos en los vestuarios del equipo contrario. Al final de un partido en la cancha del Estudio, Miguel y Constante decidieron ducharse. Un intenso sudor frío, empezó a brotar de cada poro de mi piel. Al verlos desnudos, me sentí ridículo al comprobar que sus genitales estaban rodeados de vello, mientras que los míos estaban mondos y lirondos. Me moría de vergüenza. Hice verdaderas peripecias en las duchas para disimular mi falta de pelos en el pubis. Fui asumiendo mi desgracia hasta que casi al final de temporada superé mi calva pubertad.

Lanzando un tiro libre en la categoría Cadete. A la derecha, en el rebote, Miguel de Paúl.
Lanzando un tiro libre en la categoría Cadete. A la derecha, en el rebote, Miguel de Paúl.

Frecuentemente, venían los de la parro al parque. Con Alfonso Bustos organizábamos partidos de baloncesto los domingos por la tarde, aprovechando que venia de la Universidad Laboral, creo que de Oviedo. Los sábado por la mañana nos buscábamos por el parque para fijar la hora del partido. Era algo así como los Normandos (Javi “up”, Alejandro, Jose “la rubia”, Pedro, etc.) contra los del Parque (Paco Pastor, Paco Navarro, etc.). Partidos memorables que acababan con el deseo del perdedor de vengarse en la siguiente contienda.

En ocasiones el principio de estos partidos estaba condicionado a la finalización del “show de Dudu”. Solía bajar con dos hemanos altos y fuertes, uno rubio y otro moreno. Durante más de una hora, los dos troncos no hacían otra cosa más que coger el rebote y pasarle el balón a Edu para que tirase a canasta. Siempre silenciosos los tres. Sólo se oía el “chof” del impacto del balón en las redes y algún que otro bote aislado previo a su lanzamiento. Era magnífico. Nos quedábamos boquiabiertos viendo las numerosas sucesiones de tiros consecutivos encestados, impulsados por el magnífico salto que le caracterizaba. Siempre al aro.

Durante todos esos años entrenábamos en el parque. Lo hacíamos por las tardes a la luz de los focos que, según la leyenda, alguien había conectado furtivamente a las farolas de la M-30. Los inviernos eran duros. Debajo del chándal un par de camisetas, gorro para cubrir las orejas, guantes e incluso bufandas. Nos íbamos quitando las prendas según íbamos entrando en calor. Le echábamos muchas ganas.

Artículo aparecido en la mítica revista El Espolón.
Artículo aparecido en la mítica revista El Espolón.

Algunos viernes por la noche, incluso algún sábado a primera hora de la mañana, y según a quién le tocara jugar en primer lugar, había que pintar las líneas del campo. Con los cepillos de púas barríamos la arena que se depositaba en la cancha. Lanzábamos una cuerda para marcar la línea y, brocha en mano, nos transformábamos en “Otilios” durante unos minutos. Menos mal que no había triples. Pintar el 6,25 hubiera sido un verdadero reto.
En la esquina del parque estaba la caseta. La limpiábamos para que se cambiaran los equipos que venían a jugar. Los cutrecillos, porque a los importantes se les llevaba a la parro, dónde había duchas. Allí nos daban sesiones de moralina y dosis de concentración antes de los partidos. Acojonaba encender las luces en ese cuadro que saltaba según las ocasiones.

Molaba tener la llave de la caseta. La disfruté la siguiente temporada cuando entrené un equipo femenino sin muchas pretensiones. Personalmente las suficientes como para disfrutar del “eterno femenino”. En mi equipo jugaban Carlota, Belén Navalón, Dalia, creo que también Isabel (la hermana de Jaime Bech). No creo que fuera un buen entrenador pero me encantaba ver a las chicas “arreglás pero informales” (diría Martirio), sudando “Chanel number 3” (Ruben Blades).

Aún recuerdo el día en que, una parte de mis amigos, la derrumbaron motivados tras ver “The Warriors” a principios de los ochenta. Delante de mis narices se ensañaron con el pequeño habitáculo dándole patadas en un ataque de euforia, y mas cosas. No fui capaz de luchar contra eso. Mis tímidos “no os paséis”, “dejadlo ya ¿no?”, no fueron suficientes. A fin de cuentas, ya jugábamos en el Cuartel de la Montaña y el parque había sido invadido por el fútbol sala.